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Bivalvos

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Los bivalvos forman una clase dentro del filo Mollusca caracterizada por poseer un cuerpo protegido entre dos valvas calcáreas articuladas. Con más de 20.000 especies descritas, los bivalvos son el segundo grupo más diverso de moluscos tras los gasterópodos. Mejillones, ostras, almejas, vieiras, berberechos, navajas y chirlas son algunos de sus representantes más conocidos, presentes en las mesas de todo el mundo y en los mercados de pescado de cualquier ciudad costera. Sin embargo, la importancia de los bivalvos trasciende con creces su valor culinario: son ingenieros del ecosistema, filtradores del agua, bioindicadores de contaminación y piezas clave en los ciclos biogeoquímicos de los océanos.

A diferencia de otros moluscos, los bivalvos no poseen cabeza diferenciada ni rádula; su boca es simple y está conectada a estructuras branquiales enormemente desarrolladas que funcionan simultáneamente como órganos respiratorios y como aparatos filtradores. Un mejillón adulto filtra entre 10 y 20 litros de agua al día, extrayendo partículas orgánicas, fitoplancton, bacterias y materia en suspensión con una eficiencia asombrosa. Una sola ostra puede filtrar hasta 200 litros de agua al día. Esta capacidad hace que las poblaciones de bivalvos sean cruciales para mantener la calidad del agua en estuarios, marismas y zonas costeras, donde actúan como auténticas plantas depuradoras naturales.

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La relación entre los seres humanos y los bivalvos se pierde en la prehistoria: los concheros o kjøkkenmøddinger, enormes acumulaciones de conchas de moluscos, son algunos de los yacimientos arqueológicos más antiguos conocidos, y demuestran que nuestros ancestros del Paleolítico ya recolectaban almejas y mejillones sistemáticamente. Hoy, la acuicultura de bivalvos es una de las formas de producción de proteína animal más sostenibles del mundo: requiere cero piensos, cero antibióticos, cero agua dulce, captura CO2 en sus conchas y mejora la calidad del agua. La producción mundial supera los 17 millones de toneladas anuales, liderada por China, que produce más del 75% del total.

¿Qué comen los bivalvos?

La gran mayoría de los bivalvos son filtradores: se alimentan bombeando agua a través de sus branquias, que actúan simultáneamente como órganos respiratorios y como sistemas de filtrado de alimento. Las branquias están recubiertas de cilios microscópicos que crean corrientes de agua y atrapan partículas orgánicas en suspensión: fitoplancton (algas microscópicas), bacterias, detritos orgánicos y zooplancton diminuto. El alimento atrapado se recubre de moco y se transporta hacia la boca mediante bandas ciliadas.

Esta estrategia de alimentación hace de los bivalvos unos filtradores extraordinariamente eficientes. Una ostra adulta puede filtrar hasta 200 litros de agua al día, lo que los convierte en purificadores naturales de los ecosistemas acuáticos. Las poblaciones de mejillones, ostras y almejas son fundamentales para mantener la calidad del agua en estuarios, rías y zonas costeras. Sin embargo, esta misma capacidad los hace susceptibles a acumular contaminantes, toxinas de algas y patógenos, razón por la que el control sanitario de los moluscos bivalvos destinados al consumo humano es estricto en todo el mundo.

Existe un grupo minoritario de bivalvos no filtradores: las navajas y algunas almejas son excavadoras activas que se entierran en el sedimento y filtran el agua intersticial, mientras que las Crassostrea pueden complementar su dieta con absorción directa de materia orgánica disuelta en el agua. Los pectínidos (vieiras) son capaces de nadar propulsándose con sus valvas para escapar de depredadores como las estrellas de mar. Un caso excepcional son los dátiles de mar (Lithophaga), que perforan la roca calcárea para vivir en su interior, secretando ácido para disolver el sustrato.