Dinosaurios
Los dinosaurios dominaron la Tierra durante 165 millones de años en la era Mesozoica, desde el Triásico hasta su extinción al final del Cretácico hace 66 millones de años. Existen unas 1.500 especies descritas hasta la fecha (y muchas más por descubrir): herbívoros gigantes como Argentinosaurus, depredadores temibles como Tiranosaurio rex y Velociraptor, blindados como Anquilosaurio, con cuernos como Triceratops. Y un detalle clave: las aves modernas son los únicos dinosaurios que sobrevivieron a la extinción masiva del Cretácico.
Tipos de Dinosaurios
En esta sección de Atlas de Animales encontrarás información detallada sobre los dinosaurios más conocidos e importantes de la historia de la vida en la Tierra. Desde los carnívoros más temibles hasta los herbívoros más majestuosos, cada especie tiene su propia historia evolutiva fascinante. También exploraremos la clasificación de los dinosaurios, las causas de su extinción, y los descubrimientos paleontológicos más importantes de los últimos años. Prepárate para un viaje de 165 millones de años al mundo de los dinosaurios extintos.
Los dinosaurios más extremos
Récords y datos asombrosos de los animales que dominaron la Tierra durante 165 millones de años.
Hasta 39 metros de longitud y 70 toneladas. El animal terrestre más grande conocido, hallado en la Patagonia argentina.
Fuerza de mordida de 6 toneladas, la más potente de cualquier animal terrestre. Podía triturar huesos como galletas.
Ver ficha →Podía alcanzar 70 km/h, similar a un avestruz moderno. Terópodo omnívoro del Cretácico Superior de Mongolia.
El mayor cociente de encefalización de todos los dinosaurios. Visión binocular y manos prensiles sugieren inteligencia comparable a aves modernas.
Apenas 77 cm y 1 kg. Dinosaurio emplumado con cuatro alas que podía planear entre los árboles del Cretácico.
Cuello de hasta 15 metros, la mitad de su longitud total. Alcanzaba la copa de los árboles más altos sin mover el cuerpo.
Armadura de osteodermos óseos cubriendo espalda, flancos y cráneo, más una maza de cola de 45 kg capaz de romper huesos de T. rex.
Ver ficha → Mayor carnívoroHasta 15–18 metros, el terópodo más grande. Semiacuático, con vela dorsal de 1,7 m y hocico de cocodrilo para cazar peces.
Ver ficha →Qué son los dinosaurios: características generales
Aunque los dinosaurios fueron un grupo enormemente diverso, compartían una serie de características anatómicas que los definen como clado. La postura erecta ya mencionada es quizás la más fundamental, pero hay otras igualmente importantes. Los dinosaurios tenían una articulación de la cadera tipo «enchufe», con una cavidad acetabular perforada en la pelvis en la que encajaba la cabeza femoral. También tenían un tobillo de tipo mesotarsal, que permitía flexionar el pie de manera diferente a otros reptiles.
En cuanto al metabolismo, la evidencia acumulada en las últimas décadas sugiere que los dinosaurios ocupaban un amplio espectro entre la ectotermia (sangre fría) de los reptiles modernos y la endotermia (sangre caliente) de las aves y mamíferos. Los análisis de crecimiento óseo mediante el estudio de líneas de crecimiento en los huesos, similar a los anillos de los árboles, muestran que muchos dinosaurios crecían a tasas muy elevadas, comparable a la de las aves y mamíferos modernos, lo que implica altas tasas metabólicas. El T. rex, por ejemplo, podría haber crecido a una tasa de más de 600 kg por año durante su fase de crecimiento más activa.
Muchos dinosaurios, especialmente los terópodos más avanzados, tenían plumas o estructuras similares a plumas. Los fósiles extraordinariamente bien conservados de la Formación Yixian en China han revelado docenas de especies emplumadas, desde pequeños dromeosáuridos como Microraptor hasta el gigantesco Yutyrannus, un pariente del T. rex que podía alcanzar los 9 metros y estaba cubierto de plumas filamentosas. Incluso se han encontrado evidencias de plumas en algunos ornitísquios (el otro gran grupo de dinosaurios), lo que sugiere que las plumas podrían haber sido una característica basal de los dinosaurios o de los arcosaurios en general.
Clasificación de los dinosaurios
Tradicionalmente, los dinosaurios se han dividido en dos grandes grupos según la morfología de su pelvis: los saurisquios (pelvis de lagarto, donde el hueso púbico apunta hacia adelante) y los ornitísquios (pelvis de ave, donde el hueso púbico apunta hacia atrás, de manera opuesta a como sucede en las aves actuales). Esta clasificación, propuesta por Harry Seeley en 1887, fue la dominante durante más de un siglo. Sin embargo, en 2017 un estudio publicado en Nature por Matthew Baron y colaboradores propuso una reorganización radical que agrupaba a los terópodos con los ornitísquios, aunque esta propuesta sigue siendo controvertida y no ha sido aceptada universalmente.
Terópodos (carnívoros bípedos y sus descendientes)
Los terópodos («pies de bestia») son el grupo de dinosaurios saurisquios que incluye a todos los dinosaurios bípedos carnívoros clásicos, así como a las aves. Son el único grupo de dinosaurios que sobrevivió a la extinción K-Pg. Entre los terópodos extintos más conocidos se encuentran el Tyrannosaurus rex, el Velociraptor, el Spinosaurus, el Allosaurus, el Carnotaurus y el Dilophosaurus. Los terópodos estaban bien adaptados a la carrera bípeda, tenían huesos huecos (neumáticos), y muchos tenían pies con tres dígitos funcionales. Algunos terópodos avanzados, como los oviraptorósauros, eran omnívoros o incluso herbívoros, demostrando que la evolución de la dieta en este grupo fue muy dinámica.
Saurópodos (herbívoros cuellilargos)
Los saurópodos son los animales terrestres más grandes que jamás han existido. Estos dinosaurios herbívoros cuadrúpedos se caracterizan por su cuello extremadamente largo, su cola larga, sus pequeñas cabezas en comparación con el tamaño corporal, y sus patas columnares. Los más grandes, como el Patagotitan mayorum o el Argentinosaurus, podían superar los 30 metros de longitud y pesar entre 70 y 80 toneladas. Los saurópodos dominaron los ecosistemas herbívoros del Jurásico y el Cretácico y estuvieron presentes en todos los continentes. Incluyen grupos icónicos como los diplodócidos (Diplodocus, Apatosaurus), los braquiosáuridos (Brachiosaurus, Giraffatitan), y los titanosaurios, el grupo más diverso y que sobrevivió hasta el final del Cretácico.
Ornitópodos
Los ornitópodos («pies de ave») fueron uno de los grupos de dinosaurios herbívoros más exitosos. Podían desplazarse tanto de forma bípeda como cuadrúpeda, y su éxito evolutivo se debió en parte a la sofisticación de sus aparatos masticadores, que les permitían procesar grandes cantidades de vegetación dura. El grupo incluye desde los pequeños Heterodontosaurus del Jurásico Inferior hasta los enormes hadrosáuridos (dinosaurios de pico de pato) del Cretácico Superior, como el Edmontosaurus y el Parasaurolophus. Los hadrosáuridos tenían hasta 1.400 dientes distribuidos en baterías dentales para moler vegetación, y algunos, como el Parasaurolophus, tenían crestas huecas que probablemente usaban para la comunicación acústica.
Ceratopsios
Los ceratopsios («rostros con cuernos») son un grupo exclusivo del Cretácico que incluye a los dinosaurios con frills (estructuras óseas en la parte posterior del cráneo) y cuernos faciales. El grupo comenzó con pequeños dinosaurios bípedos como el Psittacosaurus, pero evolucionó hacia gigantes cuadrúpedos como el Triceratops, que podía alcanzar los 9 metros y pesar hasta 12 toneladas. Los ceratopsios fueron especialmente diversos en Norteamérica y Asia durante el Cretácico Superior, con docenas de géneros que exhiben una extraordinaria variedad de estructuras craneales. Estas estructuras probablemente tenían funciones de exhibición, reconocimiento intraespecífico y posiblemente termorregulación.
Los dinosaurios más conocidos del mundo
Entre los más de 1.000 géneros de dinosaurios descritos, algunos se han convertido en iconos culturales reconocidos en todo el mundo. A continuación presentamos una descripción detallada de los doce dinosaurios más conocidos, combinando datos paleontológicos rigurosos con los aspectos más fascinantes de su biología y su descubrimiento.
Tyrannosaurus rex (T-Rex)
El Tyrannosaurus rex («rey lagarto tirano») es sin duda el dinosaurio más famoso del mundo y uno de los mayores depredadores terrestres que jamás han existido. Vivió en Norteamérica occidental durante el Cretácico Superior, hace entre 68 y 66 millones de años, en los últimos dos millones de años antes de la extinción K-Pg. Los adultos podían alcanzar entre 12 y 13 metros de longitud, 4 metros de altura a la cadera y un peso estimado de entre 8 y 14 toneladas según el espécimen. Su cráneo, que podía superar el metro y medio de longitud, estaba equipado con dientes en forma de banana de hasta 30 centímetros, capaces de ejercer la mordedura más potente registrada en ningún animal terrestre: hasta 57.000 newtons. Sus pequeños brazos anteriores, que han sido objeto de muchas bromas populares, eran en realidad extraordinariamente poderosos y podrían haber servido para sujetar presas o para levantarse del suelo. El T. rex tenía una visión binocular similar a la de las águilas y un sentido del olfato muy desarrollado, evidenciado por sus grandes bulbos olfativos. Sus principales presas incluían hadrosáuridos y ceratopsios como el Triceratops y el Edmontosaurus.
Velociraptor
El Velociraptor mongoliensis («ladrón veloz de Mongolia») es uno de los dinosaurios más reconocibles gracias a su protagonismo en la saga cinematográfica de Jurassic Park, aunque la representación cinematográfica difiere considerablemente de la realidad paleontológica. El Velociraptor real era en realidad bastante pequeño: medía unos 2 metros de longitud y pesaba entre 15 y 25 kg, más o menos el tamaño de un pavo actual. Vivió en Asia Central (principalmente en lo que hoy son Mongolia y China) durante el Cretácico Superior, hace entre 75 y 71 millones de años, en hábitats semiáridos parecidos al desierto. Era un dromeosáurido, un grupo de terópodos caracterizados por la gran garra retráctil en forma de hoz del segundo dedo del pie, que en el Velociraptor medía hasta 6,5 centímetros. Evidencias fósiles excepcionales, como el famoso «dinosaurios en combate» descubierto en Mongolia en 1971 (que muestra a un Velociraptor y un Protoceratops trabados en batalla), demuestran que usaba esta garra para sujetar presas. Se han encontrado cañones de plumas en los huesos de los brazos, confirmando que estaba emplumado. Era probablemente un cazador solitario que se alimentaba de pequeños mamíferos, lagartos y posiblemente dinosaurios más pequeños.
Triceratops
El Triceratops horridus («rostro horrible de tres cuernos») es uno de los ceratopsios más grandes y reconocibles, y uno de los últimos dinosaurios no avianos en haber existido antes de la extinción K-Pg. Vivió en Norteamérica occidental hace entre 68 y 66 millones de años, siendo contemporáneo del T. rex, con quien probablemente interactuó frecuentemente como presa y en combate defensivo. Los adultos podían alcanzar los 9 metros de longitud, 3 metros de altura y un peso de hasta 12 toneladas. Su característica más distintiva era su impresionante cabeza, que podía superar los 2,5 metros de longitud y representar un tercio de la longitud total del animal: la más grande de cualquier animal terrestre en la historia. Estaba adornada con dos largos cuernos supraorbitales de hasta 1 metro y un cuerno nasal más corto, además de un gran frill óseo en la parte posterior del cráneo. Se ha debatido extensamente sobre la función de los cuernos y el frill: probablemente servían para el reconocimiento intraespecífico, la exhibición sexual, el combate intraespecífico por estatus y territorio, y como defensa contra depredadores. Análisis recientes sugieren que el frill podía estar irrigado de sangre y cambiar de color, similar a las crestas de algunos lagartos actuales.
Brachiosaurus
El Brachiosaurus altithorax («lagarto-brazo de tórax alto») es uno de los dinosaurios más icónicos del Jurásico y un representante excepcional del éxito evolutivo de los saurópodos. Vivió en Norteamérica durante el Jurásico Superior, hace aproximadamente 154-150 millones de años, en la misma época y región que otros grandes saurópodos como el Diplodocus y el Apatosaurus. Se caracterizaba por sus patas delanteras más largas que las traseras (de ahí su nombre), lo que le confería un perfil característico con la espalda inclinada hacia adelante, similar a una jirafa en proporciones generales, aunque exponencialmente más grande. Los adultos podían alcanzar los 26 metros de longitud y pesar entre 30 y 60 toneladas. Su cuello largo y erguido le permitía alcanzar la vegetación en las copas de los árboles a alturas de 12-14 metros, un nicho alimenticio al que ningún otro animal contemporáneo podía acceder. Para mantener esa masa corporal enorme, el Brachiosaurus debía consumir cantidades ingentes de vegetación, estimadas en varios cientos de kilogramos diarios. Sus dientes en forma de espátula eran adecuados para arrancar hojas y ramas, no para masticar; la digestión se realizaba mediante piedras tragadas (gastrolitos) que trituraban el material vegetal en el estómago.
Stegosaurus
El Stegosaurus stenops («lagarto con tejado de placas») es uno de los dinosaurios más reconocibles gracias a las dos filas de grandes placas óseas que recorrían su espalda y la cola armada con cuatro púas largas (el «thagomizer»). Vivió en Norteamérica durante el Jurásico Superior, hace entre 155 y 150 millones de años, siendo contemporáneo del Brachiosaurus, el Diplodocus y el Allosaurus. Los adultos medían entre 6 y 9 metros de longitud y pesaban hasta 5 toneladas. Las placas dorsales eran estructuras dérmicas osificadas que no tenían conexión directa con el esqueleto vertebral; podían tener hasta 60 cm de altura y estaban fuertemente vascularizadas, lo que sugiere que podían servir para termorregulación (como radiadores) y para la exhibición entre individuos de la misma especie. El Stegosaurus tenía un cerebro sorprendentemente pequeño en relación con su tamaño corporal, aproximadamente el tamaño de una nuez o una pelota de golf (unos 80 gramos), aunque esto no significa necesariamente que fuera un animal «estúpido»: las aves actuales tienen cerebros pequeños en relación a su cuerpo pero son cognitivamente avanzadas. La cola armada era un arma defensiva eficaz: se han encontrado vértebras de Allosaurus con marcas que encajan perfectamente con las púas del Stegosaurus.
Spinosaurus
El Spinosaurus aegyptiacus («lagarto de espinas de Egipto») es el dinosaurio carnívoro más grande conocido, superando en longitud al propio T. rex. Vivió en el norte de África durante el Cretácico Medio, hace entre 99 y 93 millones de años, en hábitats pantanosos y ribereños que nada tienen que ver con los ecosistemas del T. rex. Los adultos podían alcanzar los 14-18 metros de longitud, aunque el peso exacto es difícil de estimar dada la incompleta naturaleza de los fósiles conocidos. Su característica más llamativa era la vela o joroba dorsal formada por espinas neurales enormemente alargadas de hasta 1,65 metros de altura, cuya función exacta (termorregulación, exhibición, almacenamiento de grasa) sigue siendo debatida. Lo que sí está claro, gracias a descubrimientos recientes, es que el Spinosaurus era un cazador semiacuático muy especializado: tenía patas cortas con pies anchos, narinas retrasadas (para respirar parcialmente sumergido), y dientes cónicos sin serración lateral, similares a los del cocodrilo, perfectamente adaptados para atrapar peces escurridizos. En 2020, el descubrimiento de su cola reveló que era propulsada por vértebras expandidas en forma de remo, confirmando su adaptación a la natación.
Diplodocus
El Diplodocus carnegii («doble viga») es quizás el saurópodo más conocido del Jurásico gracias a los numerosos moldes de su esqueleto que se exhiben en museos de todo el mundo, empezando por el famoso «Dippy» del Natural History Museum de Londres. Vivió en Norteamérica occidental durante el Jurásico Superior, hace entre 154 y 152 millones de años. Con hasta 25-27 metros de longitud de extremo a extremo, era uno de los animales terrestres más largos que jamás han existido, aunque gran parte de esa longitud correspondía a su larga cola en látigo y su extenso cuello. Sin embargo, era sorprendentemente grácil para un animal tan largo, pesando «solo» entre 10 y 16 toneladas, mucho menos que el más robusto Brachiosaurus. El Diplodocus tenía el cuello horizontal en lugar de erguido, por lo que probablemente se alimentaba de helechos y plantas de bajo porte en lugar de las copas de los árboles. Su cola era extremadamente larga y flexible y podría haber actuado como látigo de defensa, produciendo sonidos supersónicos al agitarla rápidamente, similar a un látigo real. Los dientes del Diplodocus eran delgados y en forma de lápiz, únicamente en la parte frontal de la boca, adecuados para peinar la vegetación más que para masticar.
Ankylosaurus
El Ankylosaurus magniventris («lagarto anquilosado de gran vientre») es el mayor anquilosáurido conocido y uno de los dinosaurios más acorazados que jamás han existido. Vivió en Norteamérica occidental durante el Cretácico Superior tardío, hace entre 68 y 66 millones de años, siendo otro contemporáneo del T. rex. Los adultos podían alcanzar hasta 8 metros de longitud, 1,7 metros de altura y hasta 8 toneladas de peso. Estaba literalmente blindado de la cabeza a la cola: su cuerpo estaba cubierto de osteodermos (placas óseas dérmicas), algunas de las cuales formaban estructuras en forma de cono o pico. Incluso sus párpados estaban osificados. La cola terminaba en una enorme maza ósea de casi 60 cm de diámetro, formada por osteodermos fusionados, que podía balancear con suficiente fuerza como para romper los huesos de cualquier predador que se acercara. Estudios biomecánicos han demostrado que la maza caudal podía ejercer fuerzas de impacto suficientes para fracturar el metatarso del T. rex. A pesar de su aspecto tan especializado en la defensa, el Ankylosaurus era un herbívoro que se alimentaba de plantas de bajo porte mediante dientes pequeños y hoja de hacha.
Parasaurolophus
El Parasaurolophus walkeri («lagarto casi con cresta») es uno de los hadrosáuridos (dinosaurios de pico de pato) más reconocibles, famoso por la elaborada cresta tubular hueca que se extendía hacia atrás desde la parte superior de su cráneo, pudiendo alcanzar hasta 1,8 metros de longitud. Vivió en Norteamérica occidental durante el Cretácico Superior, hace entre 76 y 73 millones de años. Los adultos medían entre 9 y 10 metros de longitud y pesaban unas 2,5 toneladas. Podían desplazarse tanto de forma bípeda (en carrera o alerta) como cuadrúpeda (en descanso o alimentación lenta). La cresta del Parasaurolophus era una estructura nasal compleja que contenía un intrincado sistema de tubos internos conectados con la cavidad nasal. Modelizaciones acústicas modernas han demostrado que podía producir sonidos de baja frecuencia de gran alcance, similares a un trombón, que utilizaría para la comunicación a larga distancia, el reconocimiento entre miembros de la misma especie y posiblemente señalización de alarma ante depredadores. Diferentes especies de Parasaurolophus tenían crestas de diferente forma, lo que podría haberse traducido en «voces» distintas que facilitarían el reconocimiento intraespecífico.
Pterodáctilo (Pterodactylus)
Aunque técnicamente el Pterodactylus antiquus no era un dinosaurio sino un pterosaurio (un reptil volador relacionado pero perteneciente a un clado diferente), es tan icónico en el imaginario popular sobre «dinosaurios extintos» que merece su lugar en esta guía. El Pterodactylus vivió en Europa (especialmente en lo que hoy es Alemania) durante el Jurásico Superior, hace entre 150 y 148 millones de años, y fue el primer pterosaurio descubierto científicamente, en 1784, antes incluso de que se acuñara el término «dinosaurio». Era relativamente pequeño para un pterosaurio: la envergadura de los adultos oscilaba entre 50 cm y 1 metro, y pesaba probablemente menos de 1 kg. Tenía un cráneo elongado con dientes cónicos adecuados para atrapar peces e invertebrados, y una larga cresta ósea en la parte superior del cráneo. Su ala estaba formada por una membrana de piel y músculo sostenida principalmente por el cuarto dedo de la mano, extremadamente alargado. Los pterosaurios en general dominaron los cielos durante más de 160 millones de años, evolucionando desde formas pequeñas hasta gigantes como el Quetzalcoatlus, con una envergadura de 10-11 metros, el mayor ser volador de la historia.
Iguanodon
El Iguanodon bernissartensis tiene un lugar especial en la historia de la paleontología: fue el segundo dinosaurio en ser formalmente descrito y nombrado científicamente, en 1825, por el médico y geólogo inglés Gideon Mantell. Vivió en Europa occidental (especialmente en lo que hoy son Gran Bretaña y Bélgica) y Asia durante el Cretácico Inferior, hace entre 126 y 122 millones de años. Los adultos medían entre 9 y 11 metros de longitud y podían pesar hasta 3 toneladas. Era un ornitópodo (un herbívoro bípedo-cuadrúpedo) equipado con manos notablemente especializadas: tenía una púa o espina ósea cónica en el lugar del pulgar, que probablemente usaba como defensa contra depredadores o para manipular la vegetación, tres dedos centrales terminados en pezuñas, y un quinto dedo prensil que podía doblar para agarrar objetos, una característica sorprendentemente sofisticada. El Iguanodon tenía baterías dentales para triturar vegetación y su pico córneo era ideal para cortar plantas. El famoso hallazgo de 38 esqueletos de Iguanodon en la mina de carbón de Bernissart (Bélgica) en 1878 fue uno de los descubrimientos paleontológicos más espectaculares del siglo XIX.
Allosaurus
El Allosaurus fragilis («lagarto extraño frágil») fue el gran predador del Jurásico Superior de Norteamérica, el equivalente ecológico del T. rex en su época, aunque vivió unos 80 millones de años antes. Habitó las llanuras y bosques de Norteamérica occidental durante el Jurásico Superior, hace entre 155 y 150 millones de años, siendo el superpredador dominante de la Formación Morrison, uno de los yacimientos paleontológicos más ricos del mundo. Los adultos medían entre 8 y 12 metros de longitud y pesaban entre 1,5 y 3,5 toneladas. Era un terópodo carnoderán con tres dedos en cada mano terminados en garras de hasta 25 cm, una cabeza grande con crestas óseas prominentes sobre los ojos, y dientes serrados diseñados más para cortar que para aplastar (a diferencia del T. rex). Análisis de marcas de mordida en huesos de saurópodos sugieren que el Allosaurus podía atacar a presas mucho más grandes que él, posiblemente en grupos. La Formación Morrison ha proporcionado decenas de especímenes de Allosaurus, incluyendo el Cleveland Lloyd Dinosaur Quarry, que contiene los restos de más de 70 individuos, lo que lo convierte en uno de los dinosaurios mejor conocidos del Jurásico.
La extinción K-Pg: el fin del mundo de los dinosaurios
Hace 66 millones de años, al final del período Cretácico, un asteroide de entre 10 y 15 kilómetros de diámetro impactó en la región de lo que hoy es la península de Yucatán (México), en un punto conocido como el cráter de Chicxulub. El impacto liberó una energía equivalente a más de mil millones de bombas atómicas, desencadenando una serie de catástrofes en cadena que acabaron con aproximadamente el 75 % de todas las especies del planeta y con prácticamente todos los dinosaurios no avianos.
Las consecuencias inmediatas del impacto incluyeron una bola de fuego que incendió grandes extensiones de bosque, terremotos de magnitud 11 o superior, y un tsunami de proporciones globales. Sin embargo, el efecto más devastador fue el «invierno de impacto»: el polvo, el hollín y el dióxido de azufre proyectados a la estratosfera bloquearon la luz solar durante meses, colapsando la fotosíntesis y destruyendo la base de las cadenas alimentarias tanto en tierra como en el mar. Las temperaturas cayeron drásticamente, y cuando el polvo se asentó, el efecto invernadero del CO₂ liberado provocó un calentamiento global. Este «efecto látigo» climático fue el golpe definitivo para los dinosaurios, aunque el vulcanismo masivo de los Traps del Decán en India, que llevaba millones de años liberando gases de efecto invernadero, ya había debilitado los ecosistemas antes del impacto.
Los supervivientes de la extinción K-Pg fueron aquellos grupos con ciertas ventajas: pequeño tamaño corporal (que reduce los requerimientos alimenticios), capacidad para hibernar o entrar en torpor, dietas generalistas, capacidad para vivir en ambientes subterráneos, y acceso a recursos alimenticios que persistían en la oscuridad (como semillas, carroña o material orgánico). Las aves, los mamíferos, las tortugas, los cocodrilos, las serpientes y los lagartos sobrevivieron en mayor o menor medida, mientras que todos los dinosaurios no avianos de más de unos pocos kilogramos de peso desaparecieron.
Paleontología de dinosaurios: descubrimientos importantes
La paleontología de dinosaurios ha vivido una revolución extraordinaria en las últimas décadas. El descubrimiento de los yacimientos de la Formación Yixian en China desde los años 1990 reveló docenas de dinosaurios emplumados que transformaron radicalmente nuestra imagen de estos animales. El Sinosauropteryx, descubierto en 1994, fue el primer dinosaurio no aviano en el que se confirmaron estructuras filamentosas similares a plumas. Posteriormente, fósiles excepcionales como el Microraptor gui (con cuatro alas), el Yi qi (con alas de murciélago), y el Anchiornis huxleyi (con plumas de colores determinados gracias a melanosomas fósiles) han demostrado que la diversidad de dinosaurios emplumados era mucho mayor de lo imaginado.
Otros hitos recientes incluyen el descubrimiento de colágeno de tipo I en un fémur de T. rex por Mary Schweitzer (2007), que abrió la puerta a la «paleontología molecular»; la descripción del Patagotitan mayorum en 2017, probablemente el animal terrestre más grande conocido; y el hallazgo del primer huevo de dinosaurio con embrión en excelente estado de conservación en China en 2021, bautizado como «Baby Yingliang». Los análisis de isótopos estables han permitido determinar que algunos dinosaurios eran mesotérmicos (con temperaturas corporales entre las de los reptiles actuales y las aves), mientras que la tomografía computarizada de cráneos ha revelado detalles extraordinarios sobre sus cerebros y sentidos.
- Las aves son dinosaurios: Las aves son dinosaurios terópodos maniraptores que sobrevivieron a la extinción K-Pg. Esto significa que cuando comes pollo, estás comiendo un dinosaurio. El linaje aviano se separó de otros terópodos hace unos 150 millones de años, y las aves modernas diversificaron explosivamente tras la extinción K-Pg para convertirse en el grupo de vertebrados terrestres más diverso, con unas 10.000 especies actuales.
- El cuello del Brachiosaurus era tan largo como una jirafa es alta: El cuello del Brachiosaurus podía medir hasta 8,5 metros de longitud, más que la altura total de una jirafa adulta (que alcanza unos 5,5 metros). Sin embargo, a diferencia de la jirafa, que tiene solo 7 vértebras cervicales (como todos los mamíferos), el Brachiosaurus tenía hasta 14 vértebras cervicales, cada una de ellas más larga que un hombre adulto.
- El Velociraptor real era del tamaño de un pavo: Gracias a Jurassic Park, la mayoría de la gente imagina al Velociraptor como un dinosaurio del tamaño de un hombre o mayor. En realidad, medía unos 2 metros de longitud y pesaba entre 15 y 25 kg. El «Velociraptor» de la película en realidad se basó morfológicamente en el Deinonychus antirrhopus, un dromeosáurido norteamericano considerablemente mayor.
- Los dinosaurios existieron más tiempo del que los separa de nosotros: El T. rex vivió hace entre 68 y 66 millones de años, mientras que el Stegosaurus vivió hace entre 155 y 150 millones de años. Esto significa que entre el Stegosaurus y el T. rex hay casi el doble del tiempo que separa al T. rex de nosotros: el T. rex nos es, cronológicamente, más «cercano» que al Stegosaurus.
- Se han encontrado dinosaurios en todos los continentes, incluida la Antártida: Dinosaurios como el Cryolophosaurus y el Glacialisaurus han sido encontrados en la Antártida, que durante el Jurásico y el Cretácico tenía un clima mucho más templado que el actual, aunque ya se encontraba en latitudes polares con largos períodos de oscuridad invernal.
- El cerebro del Estegosaurio NO era del tamaño de una nuez: Este popular mito tiene algo de verdad pero está exagerado. El cerebro del Stegosaurus pesaba unos 80 gramos, lo que es pequeño para un animal de 5 toneladas, pero no del tamaño de una nuez. Para poner esto en perspectiva: el cerebro de un cocodrilo del Nilo (que es un animal bastante competente) pesa unos 8 gramos para un animal de varios cientos de kilos.
- Los huesos huecos de los dinosaurios los hacían más ligeros: Muchos dinosaurios, especialmente los terópodos y los saurópodos, tenían huesos neumáticos (internamente huecos o rellenos de aire), al igual que las aves modernas. Esto reducía el peso total del esqueleto entre un 10 y un 20 % sin comprometer su resistencia, lo que era crucial para permitir que animales de decenas de toneladas pudieran moverse de manera eficiente.
- El impacto de Chicxulub fue detectado en el registro fósil en todo el mundo: La capa de arcilla del límite Cretácico-Paleógeno, enriquecida en iridio (un elemento extremadamente raro en la corteza terrestre pero abundante en los meteoritos), se puede encontrar en afloramientos rocosos de todo el mundo, desde España hasta Nueva Zelanda. Esta «firma» geoquímica fue el primer indicio que llevó al geólogo Walter Álvarez y a su padre Luis a proponer el impacto de un asteroide como causa de la extinción K-Pg en 1980.
Preguntas frecuentes sobre dinosaurios
Los dinosaurios como grupo existieron durante aproximadamente 165-170 millones de años, desde su aparición en el Triásico Medio-Superior (hace unos 230-240 millones de años) hasta la extinción K-Pg hace 66 millones de años. Sin embargo, si incluimos a las aves, que son dinosaurios terópodos que sobrevivieron a esa extinción, los dinosaurios llevan más de 230 millones de años en la Tierra y siguen vivos con unas 10.000 especies actuales. Para dar perspectiva: el género Homo lleva apenas unos 3 millones de años, y el Homo sapiens existe hace solo unos 300.000 años.
Determinar la ‘inteligencia’ en animales extintos es complejo, ya que el cerebro blando no se fosiliza. Sin embargo, los paleontólogos estudian el tamaño relativo del cerebro (cociente de encefalización, EQ) a través de endocraneales (moldes internos del cráneo). Los dinosaurios con los EQ más altos eran los troodóntidos, como el Troodon formosus de Norteamérica, cuyos moldes cerebrales sugieren capacidades cognitivas comparables a las de las aves modernas más inteligentes. El Troodon tenía grandes ojos frontales, lo que indica una buena visión binocular (útil para cazar), y manos prensiles con garras de hoz. Algunos científicos han especulado que, de no haberse extinguido, los troodóntidos podrían haber continuado aumentando su encéfalo en la evolución.
La paleontología moderna ha concluido que la respuesta no es simple. Los análisis de tasas de crecimiento óseo (a través de la histología ósea), la química de los isótopos en los huesos (que revela temperaturas corporales), y la anatomía de sus pulmones (deducida de la estructura torácica) sugieren que muchos dinosaurios eran mesotérmicos: mantenían temperaturas corporales más altas y estables que los reptiles actuales, pero quizás no tan altas como las aves y mamíferos modernos. Los terópodos más pequeños y las aves eran probablemente plenamente endotermos (sangre caliente), mientras que los grandes saurópodos podrían haber alcanzado altas temperaturas corporales simplemente por inercia térmica (gigantotermia), como hacen las tortugas laúd actuales.
A fecha de 2024, se han descrito científicamente más de 1.000 géneros válidos de dinosaurios no avianos, con unas 900 especies reconocidas formalmente. Sin embargo, se descubren nuevas especies a un ritmo de aproximadamente 40-50 por año. Los paleontólogos estiman que podríamos conocer entre el 20 y el 40% de todos los géneros de dinosaurios no avianos que existieron, lo que implica que quedan por descubrir varios miles de géneros. Esta estimación se basa en modelos estadísticos que analizan la curva de descubrimientos a lo largo del tiempo.
Este debate fue popular en paleontología durante los años 1990-2000, principalmente impulsado por el paleontólogo Jack Horner, quien argumentaba que el T. rex era principalmente carroñero. Sin embargo, la evidencia acumulada indica claramente que era un predador activo que también aprovechaba la carroña (como hacen prácticamente todos los grandes depredadores modernos). Los argumentos a favor de la caza activa incluyen: visión binocular comparable a la del halcón (esencial para calcular distancias al atacar presas), olfato extraordinariamente desarrollado para rastrear presas, marcas de mordida en huesos de hadrosáuridos que sanaron en vida (lo que indica que la presa sobrevivió al ataque), y proporciones corporales compatibles con velocidades de carrera de 12-25 km/h.
Estimar velocidades en dinosaurios extintos se basa en el análisis de huellas fósiles y modelos biomecánicos. Los dinosaurios más rápidos probablemente eran los ornitomimosáuridos (‘imitadores de aves’), como el Ornithomimus y el Struthiomimus, que con sus largas patas y cuerpo ligero podrían haber alcanzado velocidades de 60-70 km/h, comparables a las del avestruz actual. Entre los terópodos grandes, el T. rex probablemente podía alcanzar velocidades de 12-25 km/h en carrera, similar a un humano atlético. Los dinosaurios más pequeños, como los dromeosáuridos tipo Velociraptor, eran ágiles y podían hacer giros y cambios de dirección rápidos, aunque su velocidad en línea recta no era extraordinaria.
No es posible, al menos con la tecnología actual y probablemente en el futuro previsible. El ADN se degrada con el tiempo, y los estudios más optimistas sobre tasas de degradación del ADN sugieren que no puede sobrevivir más de unos 6,8 millones de años, incluso en condiciones óptimas de congelación. Los dinosaurios no avianos se extinguieron hace 66 millones de años, mucho más allá de este límite teórico. Los fragmentos de colágeno tipo I encontrados en algunos huesos de T. rex no son ADN, sino proteínas, que degradan más lentamente. La propuesta de Jurassic Park de usar ADN de mosquitos conservados en ámbar también es inviable: el ADN antiguo está tan fragmentado y contaminado que no es posible reconstruir un genoma funcional. Sin embargo, sí es posible (y ya se está haciendo) crear ‘pollo-saurios’ modificando el ADN de pollos para expresar rasgos dinosaurianos latentes.
Durante mucho tiempo, el color de los dinosaurios era pura especulación. Sin embargo, a partir de 2010 fue posible determinar los colores de algunos dinosaurios emplumados estudiando los melanosomas (orgánulos productores de pigmento) preservados en las plumas fósiles. Los melanosomas de forma esférica producen pigmentos negros/grises, mientras que los alargados producen colores rojizos/castaños. Mediante comparación con aves actuales, los científicos han podido reconstruir los colores de dinosaurios como el Anchiornis huxleyi (negro y blanco con manchas rojizas en la cabeza), el Microraptor gui (negro iridiscente como el cuervo), y el Sinornithosaurus. Para dinosaurios sin plumas o sin preservación excepcional, el color sigue siendo desconocido, aunque modelos ecológicos sugieren camuflaje en herbívoros y posibles colores vivos en áreas de exhibición para los carnívoros.
Fuentes y referencias sobre dinosaurios
- Smithsonian Institution – Animales extintos
- National Geographic – Fauna prehistórica
- AMNH – Mamíferos extintos
- UICN – Lista Roja de especies amenazadas
- Natural History Museum – Dinosaurios