El tardígrado, conocido popularmente como oso de agua, es uno de los animales más extraordinarios y resistentes que existen. Con un tamaño que rara vez supera el medio milímetro, estos diminutos invertebrados del filo Tardigrada son capaces de sobrevivir a condiciones que matarían a cualquier otro ser vivo: el vacío del espacio, temperaturas cercanas al cero absoluto, presiones de 6.000 atmósferas, dosis de radiación cientos de veces letales para un humano y décadas sin una gota de agua.

Descubiertos en 1773 por el zoólogo alemán Johann August Ephraim Goeze, que los bautizó como «pequeños osos de agua» por su forma de caminar, los tardígrados llevan habitando la Tierra desde hace al menos 530 millones de años, sobreviviendo a las cinco grandes extinciones masivas. La ciencia los estudia no solo por curiosidad, sino porque sus mecanismos de supervivencia podrían revolucionar la conservación de vacunas, la protección de astronautas y la búsqueda de vida extraterrestre.
Características físicas
Los tardígrados miden entre 0,1 y 1,5 milímetros de longitud, aunque la mayoría no supera los 0,5 mm. Su cuerpo es regordete y cilíndrico, dividido en cinco segmentos: una cabeza y cuatro segmentos corporales, cada uno con un par de patas rechonchas que terminan en garras o discos adhesivos. Esta forma les da su aspecto característico de «osito» bajo el microscopio, que les valió su nombre popular.
Carecen de sistema circulatorio y respiratorio: el oxígeno se difunde directamente a través de su cutícula. Poseen un sistema nervioso con un cerebro relativamente complejo para su tamaño, un aparato digestivo completo y un par de estiletes bucales retráctiles que utilizan para perforar células vegetales o animales y succionar su contenido. Se han descrito más de 1.300 especies, que habitan desde las fosas oceánicas hasta las cumbres del Himalaya.
Hábitat y distribución
Los tardígrados están literalmente en todas partes. Se encuentran en todos los continentes, desde la Antártida hasta las selvas tropicales, desde las fosas abisales a más de 4.000 metros de profundidad hasta los picos del Himalaya a 6.000 metros de altitud. Sin embargo, su hábitat preferido es mucho más modesto: las finas películas de agua que se forman sobre musgos, líquenes, hojarasca y sedimentos húmedos.
Es probable que tengas tardígrados viviendo a pocos metros de donde estás ahora mismo. Se encuentran en el musgo de los tejados, en los líquenes de las paredes, en la tierra de las macetas y en los sedimentos de los canalones. Una muestra de musgo de cualquier parque urbano puede contener cientos de tardígrados de varias especies. También habitan en agua dulce (lagos, ríos, charcos) y en sedimentos marinos de todos los océanos.
Alimentación
La mayoría de los tardígrados son herbívoros o micófagos: utilizan sus estiletes bucales para perforar las células de musgos, algas, hongos y líquenes, y succionan el contenido celular. Algunas especies son carnívoras y depredan sobre otros microorganismos como rotíferos, nematodos e incluso otros tardígrados más pequeños. Unas pocas especies son bacteriófagas, alimentándose exclusivamente de bacterias.
Su aparato bucal es una estructura especializada: dos estiletes afilados que se proyectan desde una faringe musculosa. Los estiletes perforan la pared celular de la presa y la faringe actúa como una bomba de succión que extrae el contenido. Los estiletes se mudan y regeneran con cada ecdisis (muda), ya que se desgastan con el uso. La frecuencia de alimentación depende de la especie y las condiciones, pero en ambientes húmedos activos pueden alimentarse continuamente.
Comportamiento
El comportamiento más asombroso del tardígrado es la criptobiosis: la capacidad de entrar en un estado de vida suspendida cuando las condiciones se vuelven desfavorables. Al deshidratarse, el tardígrado retrae sus patas, expulsa casi toda el agua de su cuerpo (pasando del 85% al 3% de contenido hídrico) y se encoge hasta formar una estructura llamada tun, una especie de barril diminuto metabólicamente inactivo.
En estado de tun, el tardígrado es prácticamente indestructible. Se ha demostrado experimentalmente que pueden sobrevivir a temperaturas de -272°C (cerca del cero absoluto) y de +150°C, a presiones de 6.000 atmósferas (seis veces la presión de la fosa de las Marianas), a dosis de radiación de 5.000 grays (10 grays son letales para un humano), al vacío del espacio exterior y a décadas de desecación total. Cuando vuelven a entrar en contacto con agua, se rehidratan y reanudan su actividad normal en cuestión de horas.
Reproducción
La reproducción de los tardígrados varía enormemente entre especies. Algunos se reproducen sexualmente, con machos que depositan esperma directamente en el cuerpo de la hembra o sobre los huevos recién puestos. Otros son partenogenéticos: las hembras producen huevos viables sin necesidad de fecundación. Algunas especies son hermafroditas y pueden autofecundarse.
Los huevos son extraordinariamente resistentes, en algunos casos incluso más que los adultos. Muchas especies depositan los huevos dentro de la cutícula mudada, que actúa como cámara protectora. Los huevos de algunas especies terrestres están ornamentados con espinas, filamentos y protuberancias que los anclan al sustrato y dificultan su depredación. El desarrollo es directo, sin fase larval: del huevo nace un tardígrado en miniatura con el mismo número de células que el adulto, que crece solo por aumento del tamaño celular.
- Pueden sobrevivir al vacío del espacio: en 2007 la Agencia Espacial Europea expuso tardígrados a la radiación cósmica y el vacío durante 10 días y muchos sobrevivieron.
- Resisten temperaturas desde -272°C (cerca del cero absoluto) hasta +150°C, presiones de 6.000 atmósferas y dosis de radiación de 5.000 grays.
- En estado de criptobiosis (tun) expulsan casi toda el agua de su cuerpo, pasando del 85% al 3% de contenido hídrico, y pueden permanecer así durante décadas.
- Se han reanimado tardígrados de muestras de musgo seco almacenadas durante más de 30 años en un museo.
- Un estudio de la Universidad de Oxford concluyó que los tardígrados sobrevivirían a impactos de asteroides y explosiones de supernovas que eliminarían toda otra vida compleja.
Estado de conservación
Los tardígrados no están evaluados individualmente por la UICN, ya que su enorme diversidad (más de 1.300 especies) y su distribución ubicua dificultan la evaluación. Como grupo, no están amenazados: su capacidad de criptobiosis, su presencia en casi todos los hábitats terrestres y acuáticos, y su resistencia extrema a condiciones adversas los convierten en uno de los grupos animales con menor riesgo de extinción.
De hecho, los tardígrados son considerados uno de los grupos con mayores probabilidades de sobrevivir a un evento de extinción global catastrófico. Estudios de la Universidad de Oxford en 2017 concluyeron que los tardígrados sobrevivirían a impactos de asteroides, explosiones de supernovas y estallidos de rayos gamma que eliminarían toda otra forma de vida compleja del planeta. Son, posiblemente, los últimos animales que quedarían vivos en la Tierra.
No es inmortal, pero es extraordinariamente resistente. En estado activo vive entre unos meses y dos años según la especie. Sin embargo, en estado de criptobiosis (tun) puede permanecer viable durante décadas. Se han reanimado tardígrados de muestras de musgo seco almacenadas durante más de 30 años.
Sí. En 2007, el experimento TARDIS de la Agencia Espacial Europea expuso tardígrados al vacío del espacio y a la radiación solar ultravioleta durante 10 días en órbita terrestre. Muchos sobrevivieron y algunos incluso se reprodujeron después de regresar a la Tierra.
En todas partes: musgos, líquenes, hojarasca, suelos, agua dulce, sedimentos marinos y hasta en canalones de tejados. Se encuentran en todos los continentes, desde la Antártida hasta el Himalaya. Es muy probable que haya tardígrados viviendo a pocos metros de tu casa.
La mayoría mide entre 0,1 y 0,5 milímetros, aunque algunas especies pueden alcanzar 1,5 mm. Son invisibles a simple vista, pero se observan fácilmente con un microscopio de baja potencia (40-100 aumentos). Bajo el microscopio parecen pequeños osos rechonchos con ocho patas.