Saiga: el antílope con nariz de proboscis en peligro crítico

Saiga tatarica

El saiga (Saiga tatarica) es un antílope pequeño que habita las estepas y semidesiertos de Asia Central. Su rasgo más llamativo es una nariz flexible y sobredimensionada que cuelga sobre la boca y recuerda a una pequeña trompa. Esta nariz singular, que alcanza 7-9 cm, filtra el polvo durante las estampidas estivales y calienta el aire frío del invierno antes de llegar a los pulmones, permitiéndole sobrevivir tanto a los +40 °C del desierto como a los -40 °C de la estepa invernal.

El saiga está catalogado como En Peligro Crítico por la UICN. En mayo de 2015 una epidemia de pasteurelosis mató al 60 % de la población mundial (más de 200.000 individuos) en solo tres semanas. Aun así, la población se ha recuperado hasta los 1,9 millones en 2024 gracias a medidas de conservación intensivas en Kazajistán. Durante el Pleistoceno, el saiga formó parte de la gran fauna de estepa junto al mamut lanudo y el bisonte estepario.

Antílope saiga (Saiga tatarica) con su característica nariz flexible

Características físicas

El saiga es un antílope pequeño: los machos pesan 37-69 kg y las hembras 26-45 kg, con una altura a la cruz de 60-80 cm. Solo los machos portan cuernos ambarinos y anillados de 25-35 cm de longitud, muy apreciados en la medicina tradicional china, lo que desgraciadamente ha impulsado la caza furtiva. El pelaje cambia estacionalmente: corto y arenoso en verano, muy largo y blanquecino en invierno.

La nariz proboscídea es su rasgo anatómico exclusivo. Posee tabiques óseos internos y una compleja red vascular que cumple tres funciones: filtra partículas de polvo de la estepa, calienta el aire hasta 80 °C antes de que llegue a los pulmones en invierno y actúa como caja de resonancia para los bramidos de cortejo de los machos.

Hábitat y distribución

Hoy el saiga vive en cinco poblaciones fragmentadas del Asia Central: Kazajistán (que concentra el 98 % de los efectivos, subespecie S. t. tatarica), Uzbekistán, Turkmenistán, Rusia (Kalmikia) y Mongolia (subespecie S. t. mongolica). Habita estepas secas, praderas de artemisia y semidesiertos entre 0 y 1.600 m, evitando zonas escarpadas o con nieve que cubra la vegetación.

Durante el Pleistoceno, su distribución era mucho más amplia: llegaba hasta Inglaterra, Francia y Alaska. Restos fósiles se han encontrado hasta en Yukón (Canadá). La retracción posglacial y la caza humana redujeron su territorio a la actual Asia Central.

Alimentación

El saiga es un herbívoro generalista que consume más de 100 especies de plantas esteparias: gramíneas, compuestas, quenopodiáceas (incluyendo especies halófilas que otros herbívoros no tocan) y leguminosas silvestres. En verano bebe en manantiales y charcas; en invierno obtiene el agua de la nieve y de las plantas congeladas.

Realiza largas migraciones estacionales de hasta 1.000 km siguiendo los pastos: en verano hacia el norte, hacia praderas más húmedas, y en invierno al sur, a zonas con menor cobertura de nieve. Las manadas migratorias pueden reunir decenas de miles de individuos, uno de los espectáculos naturales más impresionantes de Eurasia.

Comportamiento

El saiga es un animal gregario y migratorio. Fuera del celo, hembras y juveniles forman grupos de 30 a 100 individuos, mientras que los machos viven aislados o en pequeños rebaños. Durante la migración y el parto masivo se agrupan en manadas de hasta 100.000 animales, una estrategia antidepredador clásica.

Puede alcanzar los 80 km/h en sprints cortos, lo que le permite huir de sus depredadores tradicionales: lobos, guepardos asiáticos (ya extintos en la región) y águilas reales que atacan a las crías. Su sentido más desarrollado es el olfato; la vista es mediocre y el oído aceptable.

Reproducción

El celo ocurre en diciembre. Un macho dominante monopoliza haremes de 5-25 hembras, defendidos con bramidos amplificados por la nariz proboscídea. La gestación dura 140-150 días. Una peculiaridad del saiga es el parto sincrónico: en apenas una semana de mayo, todas las hembras de una manada paren a la vez, saturando a los depredadores con miles de crías simultáneas. Muchas hembras tienen gemelos (el 60 % de los partos).

La madurez sexual llega a los 7-8 meses en las hembras (excepcionalmente temprano para un ungulado), lo que permite una rápida recuperación poblacional tras mortalidades masivas como la de 2015.

Estado de conservación

Catalogado como En Peligro Crítico (CR) por la UICN desde 2018. En 1993 había 1,25 millones de saigas; tras el colapso de la Unión Soviética y la explosión de la caza furtiva por los cuernos, cayeron a 50.000 en 2003. La epidemia de pasteurelosis hemorrágica de 2015 mató a 200.000 individuos en Kazajistán en tres semanas, por factores climáticos que activaron una bacteria latente. Para 2024, gracias a programas de vigilancia y antifurtivismo, la población superó 1,9 millones, pero sigue CR por su histórica volatilidad.

Preguntas frecuentes sobre el saiga

¿Para qué sirve la nariz del saiga?

La nariz proboscídea del saiga cumple tres funciones. Filtra el polvo durante las estampidas estivales en la estepa seca, calienta el aire hasta 80 °C antes de que llegue a los pulmones en los inviernos de -40 °C, y actúa como caja de resonancia para amplificar los bramidos de cortejo de los machos.

¿Por qué está en peligro crítico?

Por la combinación de caza furtiva masiva por sus cuernos (usados en medicina tradicional china), epidemias bacterianas catastróficas —la pasteurelosis de 2015 mató a 200.000 individuos en tres semanas— y la fragmentación del hábitat por infraestructuras lineales y conflictos humanos. Aunque se ha recuperado a 1,9 millones, sigue catalogado CR por esta volatilidad histórica.

¿Dónde vive el saiga?

En las estepas y semidesiertos de Asia Central: Kazajistán (que concentra el 98 % de la población), Uzbekistán, Turkmenistán, Rusia (Kalmikia) y Mongolia. En el Pleistoceno su distribución llegaba hasta Inglaterra, Francia y Alaska; se redujo tras la última glaciación.

¿Qué fue la epidemia de 2015?

En mayo de 2015, una ola de calor y humedad anómalas activó en Kazajistán la bacteria Pasteurella multocida, que normalmente vive inofensiva en las amígdalas del saiga. En tres semanas murió el 60 % de la población mundial (200.000 individuos). Fue una de las mortalidades masivas más súbitas documentadas en un mamífero salvaje.

¿Cuántos saigas quedan?

Según el censo de Kazajistán de 2024, la población se ha recuperado hasta 1,9 millones de ejemplares tras el desastre de 2015. Es uno de los casos de recuperación más rápidos registrados en un mamífero amenazado, gracias a la alta tasa reproductiva (la mayoría de hembras tiene gemelos) y a los programas antifurtivismo.

Fuentes

IUCN Red List (2018). Saiga tatarica. e.T19832A50194357. — Kock, R. A. et al. (2018). Saigas on the brink: Multidisciplinary analysis of the pathogenic role of Pasteurella multocida. Science Advances. — Singh, N. J. & Milner-Gulland, E. J. (2011). Conserving a moving target. Oryx. — Saiga Conservation Alliance. Informe anual 2024.