El kril antártico (Euphausia superba) es probablemente la especie animal con mayor biomasa del planeta. Se estima que existen 500 millones de toneladas de kril en el Océano Austral, una cifra que supera a cualquier otro animal —incluyendo a los humanos, cuya biomasa total es de unos 500 millones de toneladas también—. Cada ejemplar apenas mide 5-6 cm, pero la cantidad es tal que forma enjambres visibles desde el espacio y sostiene prácticamente todo el ecosistema antártico.
Este pequeño crustáceo es el alimento principal de las ballenas azules, las pingüinos emperador, las focas cangrejeras, los albatros y decenas de especies de peces comerciales. Una sola ballena azul puede consumir 3.600 kg de kril al día. Sin él, el océano austral colapsaría. Además, el kril tiene una relación directa con el clima: sus heces secuestran carbono hacia el fondo oceánico, un servicio ecosistémico crucial en la lucha contra el cambio climático.

Características físicas
Mide entre 5 y 6 cm de longitud y pesa 1-2 g. Su cuerpo semi-transparente tiene un color rojizo rosado con pequeñas manchas oscuras características. Posee 6 pares de patas natatorias (pleópodos) y 5 pares de patas con cerdas filtradoras (pereópodos). Sus ojos grandes son muy eficaces detectando contrastes en la oscuridad antártica.
Una característica única del kril es la bioluminiscencia: posee 10 fotóforos a lo largo del cuerpo que producen destellos verde-azulados. La función no está del todo clara, pero se sospecha que sirven para comunicación entre individuos del enjambre y para despistar depredadores. El brillo colectivo de los enjambres más densos se ve desde satélites.
Hábitat y distribución
Habita exclusivamente el Océano Austral alrededor de la Antártida, especialmente las zonas de hielo marino. Se concentra en la Península Antártica, el mar de Scotia, el mar de Weddell y las aguas alrededor de Georgia del Sur. Prefiere temperaturas de -1 a +4 °C y forma enjambres densos cerca del borde del hielo marino, donde el fitoplancton es más abundante.
Los enjambres más grandes pueden contener 10.000-30.000 individuos por metro cúbico y se extienden por kilómetros. El hielo marino es crítico para la especie: las larvas se alimentan de algas que crecen en la superficie inferior del hielo durante el invierno polar.
Alimentación
El kril es herbívoro-filtrador. Su dieta consiste principalmente en fitoplancton: diatomeas, dinoflagelados y algas planctónicas. Usa las cerdas filtradoras de sus pereópodos como coladeras para capturar partículas suspendidas. También come copépodos y otros animales planctónicos cuando el fitoplancton escasea (invierno polar).
En invierno, cuando el Sol no sale durante meses, el kril se alimenta de algas del hielo marino y puede reducir su metabolismo dramáticamente, viviendo de reservas lipídicas. Sobrevive también digiriendo su propio cuerpo en un proceso llamado shrinking, donde literalmente encoge hasta volver a talla juvenil.
Papel ecológico
El kril es la piedra angular del ecosistema antártico. Sus depredadores principales incluyen:
- Ballenas barbadas: ballena azul, jorobada, franca austral, minke. Una ballena azul come 3.600 kg/día.
- Pingüinos: emperador, Adelia, barbijo, papúa.
- Focas: cangrejera (cuyo nombre en español es erróneo: come kril, no cangrejos), leopardo marino.
- Peces: bacalao antártico, merluza negra, docenas de especies comerciales.
- Aves: albatros, petreles, skúas.
Además, el kril cumple un servicio climático crucial. Come fitoplancton rico en carbono en la superficie y excreta pellets fecales densos que caen rápidamente al fondo oceánico, secuestrando carbono durante siglos. Se estima que el kril antártico retira 39 millones de toneladas de carbono atmosférico al año.
Reproducción
La época reproductiva va de diciembre a marzo. Las hembras liberan hasta 10.000 huevos en aguas superficiales. Los huevos descienden hasta 2.000 m de profundidad mientras se desarrollan, y al eclosionar las larvas comienzan a subir de nuevo a la superficie, buscando las algas del hielo marino. Tras 11 estadios larvales, alcanzan la forma adulta al año. La madurez sexual llega a los 2-3 años.
Estado de conservación y amenazas
La UICN lo cataloga como Preocupación Menor (LC), pero el kril enfrenta presiones serias. El cambio climático reduce la superficie de hielo marino que necesitan las larvas —desde 1970 la cobertura ha descendido un 30 %—. La pesca comercial para aceite de kril (suplementos de omega-3) y piensos de acuicultura alcanza 500.000 toneladas anuales, regulada por la CCAMLR (Convención para la Conservación de los Recursos Marinos Antárticos).
Preguntas frecuentes sobre el kril antártico
Probablemente sí. La biomasa total de kril antártico se estima en 500 millones de toneladas, comparable a la biomasa humana global (unas 390 millones de toneladas). Entre animales únicos, el kril supera a cualquier otra especie. Los hormigas en conjunto también suman enormes cifras, pero son muchas especies, no una sola.
Es la piedra angular del ecosistema antártico. Sin kril no habría ballenas barbadas, pingüinos emperador, focas cangrejeras, bacalao antártico ni albatros. Una sola ballena azul consume 3.600 kg al día. Además sus pellets fecales secuestran 39 millones de toneladas de carbono al año, un servicio climático crítico.
Muy poco directamente. La mayor parte de la captura (500.000 toneladas/año) se destina al aceite de kril (suplementos de omega-3 humanos) y a piensos de acuicultura —sobre todo para salmón de piscifactoría—. En Corea y Japón hay tradición culinaria limitada de kril seco. Como comida humana directa su uso es marginal.
Sí. Durante el invierno polar, cuando el Sol no sale durante meses y el fitoplancton escasea, el kril puede reducir su metabolismo drásticamente y literalmente encoger: digiere su propio tejido para sobrevivir, volviendo a tallas juveniles. Al volver la primavera y el fitoplancton, crece de nuevo. Es uno de los pocos animales conocidos con esta adaptación.
La UICN lo cataloga como Preocupación Menor pero la ciencia muestra preocupación creciente. El cambio climático reduce el hielo marino antártico (30 % menos desde 1970), del que dependen las larvas. La pesca comercial se ha triplicado en 20 años. La CCAMLR gestiona cupos pero los ecologistas advierten que los modelos subestiman el riesgo del kril frente al calentamiento polar.
Fuentes
Atkinson, A. et al. (2004). Long-term decline in krill stock and increase in salps within the Southern Ocean. Nature. — Meyer, B. et al. (2020). Successful ecosystem-based management of Antarctic krill. Frontiers in Marine Science. — CCAMLR (2024). Krill Fishery Report.