Los insectos son el grupo animal más diverso del planeta: representan más del 80 % de las especies animales conocidas, con más de un millón descritas y entre 5 y 10 millones más estimadas por descubrir. Aparecieron hace unos 480 millones de años, fueron los primeros animales en conquistar el aire y hoy ocupan prácticamente todos los ecosistemas terrestres y de agua dulce; solo el mar les ha resistido casi por completo.
Grupos de insectos
Himenópteros con aguijón: avispas sociales, avispones y especies solitarias. Incluye la avispa asiática y…
Los escarabajos son el orden animal más diverso de la Tierra, con más de…
Las mariposas son los insectos más admirados del mundo. Su metamorfosis completa —de oruga…
Otros insectos
Qué son los insectos: características generales
La fascinación que despiertan los insectos va mucho más allá de su mera abundancia. Las colonias de hormigas construyen superorganismos sociales más complejos que muchas ciudades humanas; los escarabajos peloteros navegan orientándose por la Vía Láctea; las abejas realizan una «danza del meneo» que comunica con precisión la dirección y distancia de una fuente de alimento; las mariposas monarca migran 4.500 km guiándose por el sol y el campo magnético terrestre. Los insectos son también, junto con los microbios, los principales recicladores de materia orgánica del planeta: sin los escarabajos descomponedores y las moscas, la Tierra se cubriría de cadáveres y excrementos sin procesar.
Clasificación y tipos de insectos
La clase Insecta se divide en dos subclases: Apterygota (insectos primitivos sin alas: pececillos de plata) y Pterygota (la gran mayoría, con alas o con alas secundariamente perdidas). Los órdenes más diversos e importantes son: Coleoptera (coleópteros o escarabajos), el orden más diverso del reino animal con más de 400.000 especies; Lepidoptera (mariposas y polillas, ~180.000 sp.); Hymenoptera (abejas, avispas y hormigas, ~150.000 sp.); Diptera (moscas y mosquitos, ~160.000 sp.).
Otros órdenes importantes incluyen: Hemiptera (chinches, pulgones y cigarras, ~80.000 sp.); Orthoptera (saltamontes, grillos y langostas, ~25.000 sp.); Neuroptera (crisopas y hormigas león); Odonata (libélulas y caballitos del diablo, ~6.000 sp.); Blattodea (cucarachas y termitas); Mantodea (mantis religiosas); Phasmatodea (insectos palo e insectos hoja) y Siphonaptera (pulgas). El orden Coleoptera es tan vasto que el biólogo J.B.S. Haldane declaró famosamente que si existe un Creador, tiene «una predilección especial por los escarabajos».
Metamorfosis de los insectos: huevo, larva, pupa y adulto
La metamorfosis es uno de los rasgos más definitorios de los insectos y de las claves de su éxito evolutivo. Hay dos modalidades. La metamorfosis incompleta (hemimetabolia) la presentan saltamontes, cucarachas, libélulas o chinches: las crías (ninfas) se parecen a los adultos en miniatura pero sin alas funcionales, y van mudando el exoesqueleto progresivamente hasta alcanzar el estado adulto. La metamorfosis completa (holometabolia) la practican mariposas, escarabajos, moscas, abejas, hormigas y avispas: la cría (larva u oruga) es un animal completamente distinto del adulto, dedicado exclusivamente a comer y crecer, que pasa por una fase de pupa inmóvil donde literalmente se reorganiza por completo en una sopa de células antes de emerger como adulto.
La holometabolia es probablemente la innovación evolutiva más exitosa del reino animal: cerca del 80 % de las especies de insectos la practican. La ventaja es enorme: larva y adulto pueden ocupar nichos ecológicos completamente distintos (la oruga come hojas en el suelo, la mariposa adulta liba néctar en el aire) sin competir entre sí, lo que duplica el potencial de aprovechamiento de los recursos. La división del trabajo entre fase de alimentación y fase de reproducción y dispersión hace de los insectos holometábolos las máquinas evolutivas más eficientes del planeta.
Alimentación de los insectos: herbívoros, depredadores y parásitos
Los insectos ocupan prácticamente todos los nichos alimentarios imaginables. Hay herbívoros (orugas, saltamontes, escarabajos, pulgones) que consumen hojas, savia, polen, néctar, frutos o madera —las termitas y los escarabajos xilófagos digieren la celulosa gracias a microorganismos simbióticos en su intestino—. Hay depredadores ágiles (libélulas, mantis, escarabajos tigre, avispas) que cazan otros insectos al vuelo o en emboscada. Hay carroñeros (moscas, escarabajos sepultureros) que reciclan cadáveres y materia orgánica en descomposición, un servicio ecosistémico esencial.
Las especializaciones más sofisticadas son las de los parásitos y parasitoides. Las avispas parasitoides ponen sus huevos en o sobre otros insectos vivos —orugas, arañas, hormigas— y sus larvas devoran al hospedador desde dentro siguiendo un orden quirúrgico: primero las partes no vitales, luego los órganos principales, manteniéndolo vivo hasta el final. Existen también parásitos hematófagos (mosquitos, pulgas, garrapatas que no son insectos pero parecen) y especies que han desarrollado mimetismo químico para engañar a las hormigas y ser alimentadas por ellas dentro del propio hormiguero.
Por qué los insectos son tan pequeños
El tamaño máximo de los insectos está limitado por su propia anatomía. A diferencia de los vertebrados, los insectos respiran por un sistema de tráqueas: una red de tubos finísimos que entra desde unos orificios laterales del cuerpo (espiráculos) y lleva el oxígeno por difusión hasta cada célula. Este sistema es enormemente eficiente a pequeña escala pero deja de funcionar al crecer: en un insecto del tamaño de un perro, las tráqueas tendrían que ser tan largas y voluminosas que ocuparían todo el cuerpo, y el oxígeno no llegaría a tiempo a los tejidos profundos.
El exoesqueleto es otra limitación. Está hecho de quitina y debe mudarse periódicamente para que el animal crezca: durante la muda, el insecto queda blando, vulnerable y casi inmóvil hasta que el nuevo exoesqueleto endurece. Cuanto más grande es el insecto, más larga y peligrosa es la muda. En el Carbonífero, hace 300 millones de años, la atmósfera tenía un 35 % de oxígeno (frente al 21 % actual) y existieron libélulas con 75 cm de envergadura (Meganeura): el oxígeno extra permitió a las tráqueas sostener cuerpos mucho mayores. Cuando el oxígeno bajó, los insectos gigantes se extinguieron y nunca regresaron.
Por qué están desapareciendo los insectos: el «apocalipsis insectil»
Desde la década de 2010, varios estudios de seguimiento a largo plazo han documentado un descenso alarmante de las poblaciones de insectos en Europa, Estados Unidos y otras regiones desarrolladas. Un estudio publicado en PLOS ONE en 2017 reveló una caída del 76 % en la biomasa de insectos voladores en reservas naturales alemanas durante los últimos 27 años. Otros trabajos en Reino Unido y Puerto Rico apuntan a descensos similares. El fenómeno se ha bautizado como el «apocalipsis insectil» o insectageddon.
Las causas son múltiples y a menudo simultáneas: pesticidas sistémicos (especialmente neonicotinoides), pérdida y fragmentación del hábitat por agricultura intensiva, eliminación de setos y zonas no cultivadas, contaminación lumínica que desorienta a las especies nocturnas, cambio climático que altera los ciclos vitales, y el avance de especies invasoras y patógenos. Las consecuencias serían catastróficas: los insectos polinizan el 75 % de los cultivos humanos, son la base de la dieta de millones de aves, reptiles y peces, y reciclan la materia orgánica del suelo. Sin insectos, la mayoría de los ecosistemas terrestres colapsarían.
Hábitat y distribución de los insectos
Los insectos han colonizado prácticamente todos los hábitats terrestres y de agua dulce del planeta, con una diversidad que aumenta exponencialmente en las zonas tropicales. Las selvas tropicales albergan la mayor concentración de especies: en un único árbol del Amazonas se han censado más de 1.000 especies de escarabajos. Los suelos agrícolas y forestales de las zonas templadas albergan millones de insectos por metro cuadrado: colémbolos, escarabajos, termitas y hormigas que procesan la materia orgánica y mantienen la fertilidad del suelo.
Los ecosistemas acuáticos de agua dulce —ríos, lagos, humedales, charcas temporales— albergan las larvas de numerosas especies (libélulas, efímeras, tricópteros, simúlidos) que son fundamentales para las redes tróficas acuáticas y la alimentación de peces, aves y anfibios. La diversidad de insectos acuáticos es un indicador clave de la calidad del agua. Las zonas áridas cuentan con insectos altamente especializados: los escarabajos del desierto de Namib recogen agua de la niebla matutina gracias a las microestructuras de su exoesqueleto.
- El escarabajo pelotero (Scarabaeus satyrus) es el único animal no humano documentado usando la Vía Láctea para orientarse. En noches sin luna, navega en línea recta guiándose por la banda de la galaxia, como comprobaron investigadores suecos en 2013.
- Las hormigas de todas las especies juntas pesan más que todos los seres humanos del planeta. Se estima que hay entre 20 y 20 cuadrillones (2×10¹⁶) de hormigas en la Tierra, con una biomasa total que supera a la de toda la fauna vertebrada terrestre.
- La efímera común (Ephemera danica) pasa hasta 3 años como larva acuática para vivir solo 24-48 horas como adulto, tiempo suficiente para reproducirse. Los adultos carecen de sistema digestivo funcional: su único propósito es reproducirse.
- El insecto palo gigante de Borneo (Phobaeticus chani) es el insecto más largo del mundo: los ejemplares con las patas extendidas pueden superar los 56,7 cm. Su mimetismo con ramas es tan perfecto que fue confundido con un palo durante décadas antes de ser descrito como especie.
- Las larvas de seda del gusano de seda (Bombyx mori) producen un hilo continuo de hasta 900 metros en un solo capullo. La sericina y la fibroína que componen la seda son tan resistentes que los materiales biomédicos modernos las usan para suturas quirúrgicas biocompatibles.
- El mosquito del arándano antártico (Belgica antarctica), de solo 2-6 mm, es el único insecto endémico de la Antártida. Carece de alas (para no ser arrastrado por el viento), tolera la congelación de hasta el 70% de su agua corporal y vive todo su ciclo de vida en apenas 2 semanas de verano austral.
Preguntas frecuentes sobre los insectos
Se han descrito aproximadamente 1.000.000 de especies de insectos, pero los entomólogos estiman que el número real podría estar entre 5 y 10 millones. Los escarabajos (orden Coleoptera) son el orden más diverso con más de 400.000 especies conocidas. Se describen miles de nuevas especies cada año, especialmente en selvas tropicales y mediante análisis de ADN ambiental.
Los insectos son absolutamente esenciales para el funcionamiento de casi todos los ecosistemas terrestres. Son los principales polinizadores de plantas con flor (incluyendo el 75% de los cultivos alimentarios), los descomponedores más eficientes de materia orgánica, la base de la cadena alimentaria para la mayoría de aves, peces, reptiles y anfibios, y controladores biológicos de plagas. La pérdida masiva de insectos (estimada en un 27% de su biomasa en los últimos 30 años) amenaza la estabilidad de todos los ecosistemas terrestres.
No. Solo las hembras de ciertas especies de mosquitos (familia Culicidae) pican a vertebrados para obtener la proteína de la sangre necesaria para el desarrollo de los huevos. Los machos se alimentan exclusivamente de néctar. Además, no todas las especies de mosquitos se alimentan de sangre humana: muchas prefieren aves, reptiles u otros vertebrados. Existen unas 3.500 especies de mosquitos, y solo unas pocas docenas afectan significativamente a los humanos.
Los insectos tienen nociceptores (receptores de daño tisular) y responden conductualmente a los estímulos dañinos. Sin embargo, su sistema nervioso carece del neocórtex que en vertebrados está asociado a la experiencia consciente del dolor. La mayoría de los neurocientíficos consideran que los insectos probablemente experimentan una respuesta de aversión, pero no el sufrimiento consciente asociado al dolor en vertebrados. Es un área de investigación activa.