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Jiráfidos

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Los jiráfidos (Giraffidae) son una de las familias de mamíferos más singulares y reducidas que existen en la actualidad. Con solo dos especies vivientes — la jirafa y el okapi —, esta familia es un vestigio de un linaje que durante el Mioceno, hace entre 23 y 5 millones de años, llegó a contar con más de una docena de géneros distribuidos por África, Europa y Asia. Hoy, ambas especies son exclusivas del continente africano y representan dos adaptaciones radicalmente distintas al mismo ancestro común: la jirafa conquistó las sabanas abiertas y se convirtió en el animal más alto del planeta, mientras que el okapi se refugió en las selvas más densas del Congo y permaneció oculto a la ciencia occidental hasta 1901.

Lo que hace únicos a los jiráfidos es su particular anatomía, resultado de millones de años de evolución especializada. Ambas especies comparten rasgos inconfundibles de la familia: una lengua prensil extraordinariamente larga y oscura (puede medir hasta 45 cm en la jirafa), osiconos (apéndices óseos recubiertos de piel en la cabeza, diferentes a los cuernos y las astas de otros rumiantes) y un andar particular llamado ambladura, en el que mueven las dos patas del mismo lado simultáneamente, un patrón locomotor que solo comparten con los camellos entre los grandes mamíferos.

Tipos de Jiráfidos

Jirafa angoleña (Giraffa giraffa angolensis)
Jirafa angoleña (Giraffa giraffa angolensis)
La jirafa angoleña es una subespecie de la jirafa del sur adaptada a ambientes áridos. Vive en Namibia y el Kalahari y su población crece.
Jirafa de Rothschild (Giraffa camelopardalis rothschildi)
Jirafa de Rothschild (Giraffa camelopardalis rothschildi)
La jirafa de Rothschild o nubia tiene extremidades blancas como calcetines. Endémica de Uganda y Kenia, ha pasado de 670 a más de 1.500 en una década.
Jirafa masai
Jirafa masai
La jirafa masai (Giraffa tippelskirchi), también llamada jirafa de Kilimanjaro, es una de las cuatro especies de jirafa reconocidas desde 2016 y la más grande y pesada de todas: los machos adultos alcanzan los 6 metros de altura y pueden superar las 2 toneladas. Su patrón de manchas es inconfundible: formas irregulares con bordes festoneados, […]
Jirafa reticulada
Jirafa reticulada
La jirafa reticulada (Giraffa reticulata) es una de las cuatro especies de jirafa reconocidas desde 2016, cuando estudios genéticos demostraron que la antigua «jirafa» (Giraffa camelopardalis) era en realidad un complejo de cuatro especies diferentes. La reticulada habita el Cuerno de África y se distingue por su patrón de mosaico muy nítido: manchas marrones rojizas […]
Jirafa
Jirafa
La jirafa (Giraffa spp.) es el animal terrestre más alto del mundo, capaz de alcanzar hasta 5,8 metros de altura gracias a su extraordinariamente elongado cuello y sus largas patas. Esta majestuosa criatura de la sabana africana es el resultado de millones de años de selección natural hacia la explotación de un nicho alimentario único: […]
Okapi
Okapi
Sus rayas blanquiazules en las patas traseras y cuartos traseros son idénticas en patrón a las de la cebra, aunque son animales completamente distintos. Las rayas sirven como camuflaje en la luz moteada de la selva densa y, se cree, como señal de reconocimiento para que los crías sigan a su madre en la oscuridad. […]

¿Qué son los jiráfidos?

Los jiráfidos son mamíferos artiodáctilos rumiantes pertenecientes a la familia Giraffidae. El término «jiráfido» proviene del árabe zarāfa (la que camina rápido), que llegó al español a través del italiano giraffa. A pesar de su aspecto radicalmente diferente — una mide casi 6 metros y la otra poco más de metro y medio —, la jirafa y el okapi comparten un ancestro común que vivió hace aproximadamente 11,5 millones de años y compartieron territorio en los bosques africanos antes de que la jirafa evolucionara hacia los hábitats abiertos.

Los jiráfidos son parientes cercanos de los cérvidos (ciervos) y los bóvidos (antílopes, cabras, vacas), pero se separaron de ellos hace más de 25 millones de años. Su rasgo más distintivo a nivel familiar son los osiconos: protuberancias óseas del cráneo recubiertas permanentemente de piel y pelo, que no se ramifican ni se caen como las astas de los ciervos ni son de queratina como los cuernos de los bóvidos. La jirafa puede tener hasta 5 osiconos (dos principales, dos posteriores y una protuberancia central), mientras que el okapi macho tiene solo dos, más pequeños y parcialmente ocultos por el pelo.

La jirafa: el animal más alto del mundo

La jirafa (Giraffa camelopardalis) es, con una altura de hasta 5,8 metros, el animal terrestre más alto que existe. Su cuello, que puede medir más de 2 metros, contiene sin embargo las mismas 7 vértebras cervicales que la mayoría de los mamíferos (incluidos los humanos), solo que cada una de ellas puede medir hasta 28 cm de longitud. Este cuello extraordinario no solo le permite alcanzar las copas de las acacias que ningún otro herbívoro puede aprovechar, sino que también sirve como arma en los combates rituales entre machos, que se golpean mutuamente con la cabeza en un comportamiento llamado necking.

El sistema cardiovascular de la jirafa es una proeza de ingeniería biológica. Su corazón, que pesa unos 11 kg, debe bombear sangre a una presión el doble que la de un humano para que llegue al cerebro situado 2 metros por encima. Para evitar que la sangre se acumule peligrosamente en la cabeza cuando la jirafa baja a beber, sus vasos sanguíneos cerebrales están equipados con válvulas unidireccionales y una red de capilares elásticos (rete mirabile) que amortiguan los cambios bruscos de presión. Su piel de las patas es extremadamente gruesa y ajustada, funcionando como unas medias de compresión naturales que evitan el edema.

El okapi: el fantasma de la selva congoleña

El okapi (Okapia johnstoni) fue uno de los últimos grandes mamíferos descubiertos por la ciencia occidental, en 1901, a pesar de que los pigmeos Mbuti de la selva del Ituri lo conocían desde tiempos inmemoriales. Con su pelaje aterciopelado marrón rojizo oscuro, sus patas traseras rayadas como las de una cebra y su tamaño de un caballo pequeño (hasta 1,5 metros al hombro y 350 kg), el okapi parecía tan improbable cuando fue descrito por primera vez que muchos zoólogos lo consideraron un fraude.

El okapi vive exclusivamente en las densas selvas tropicales del noreste de la República Democrática del Congo, donde su pelaje oscuro y sus rayas actúan como un camuflaje extraordinariamente eficaz entre la luz filtrada del sotobosque. Es un animal tan esquivo y solitario que incluso hoy, más de un siglo después de su descubrimiento, es extremadamente difícil de observar en libertad y nunca ha sido filmado extensamente en su hábitat natural.

Características de los jiráfidos

La característica más notable compartida por ambos jiráfidos es su extraordinaria lengua prensil. En la jirafa, la lengua puede medir hasta 45 cm y es de color oscuro (negro azulado), una pigmentación que se cree que la protege de las quemaduras solares durante las largas horas de alimentación al sol. En el okapi, aunque proporcionalmente más corta, la lengua es igualmente prensil y oscura, y es tan larga que el animal puede limpiarse sus propias orejas y ojos con ella.

Ambas especies son herbívoros selectivos que utilizan esta lengua para arrancar hojas, brotes y frutos con gran precisión. La jirafa puede consumir más de 30 kg de vegetación al día, alimentándose principalmente de acacias, cuyas espinas esquiva magistralmente con sus labios gruesos y su lengua flexible. El okapi complementa su dieta de hojas con arcilla y carbón vegetal quemado, que consume en los saladeros del bosque para obtener minerales esenciales y neutralizar las toxinas de ciertas plantas.

El patrón de pelaje de ambas especies es único en cada individuo, como las huellas dactilares humanas. Las manchas de la jirafa varían enormemente entre poblaciones y subespecies (reticuladas, con bordes irregulares, en forma de hoja), y los investigadores las utilizan para identificar individualmente a cada animal. Las rayas del okapi también son únicas en cada ejemplar y se cree que ayudan a las crías a seguir a su madre en la penumbra de la selva.

¿Dónde viven los jiráfidos?

A pesar de pertenecer a la misma familia, la jirafa y el okapi habitan en ecosistemas completamente opuestos, lo que hace aún más fascinante su parentesco.

La jirafa prospera en las sabanas abiertas, los bosques abiertos y las áreas de matorral del África subsahariana, desde el Sahel hasta Sudáfrica, donde su extraordinaria altura le permite alimentarse del estrato arbóreo que ningún otro herbívoro alcanza. Se distribuye en poblaciones cada vez más fragmentadas por 21 países africanos, con las mayores concentraciones en Tanzania, Kenia, Namibia, Botsuana y Sudáfrica.

El okapi vive exclusivamente en las densas selvas tropicales de tierras bajas del noreste de la República Democrática del Congo, principalmente en la Reserva de Fauna del Okapi (declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO) y sus alrededores. Su distribución se limita a una zona relativamente pequeña entre los ríos Ituri, Uele y el lago Alberto, lo que lo convierte en uno de los grandes mamíferos con distribución geográfica más restringida del mundo.

Comportamiento de los jiráfidos

La jirafa es un animal social pero con vínculos laxos. Vive en grupos informales de composición variable (llamados «torres» en inglés) que se fusionan y se separan continuamente. No hay una jerarquía rígida ni un líder del grupo. Los machos establecen su dominancia mediante los combates de necking, en los que balancean su pesado cuello (hasta 250 kg) para golpear al rival con los osiconos. Estos combates pueden parecer elegantes a cámara lenta, pero los impactos son tremendamente poderosos y pueden causar lesiones graves.

El okapi, por el contrario, es estrictamente solitario y territorial. Cada individuo mantiene un territorio que marca con orina y con secreciones de las glándulas de las pezuñas. Los machos y las hembras solo se encuentran durante el breve período de apareamiento. Su naturaleza esquiva y su excepcional camuflaje hacen del okapi uno de los mamíferos más difíciles de estudiar en la naturaleza.

Reproducción de los jiráfidos

La gestación de los jiráfidos es larga: 15 meses en la jirafa y 14-15 meses en el okapi. En ambas especies nace una sola cría por parto. La cría de jirafa nace tras una caída de 2 metros al suelo (la madre pare de pie), mide ya 1,8 metros y pesa unos 70 kg. Es capaz de ponerse en pie y caminar en menos de una hora, una necesidad vital en la sabana donde los depredadores acechan constantemente. Las crías de jirafa son vulnerables durante sus primeros meses: hasta el 50% son víctimas de leones, hienas y leopardos.

La cría de okapi, más pequeña, nace en un refugio oculto entre la vegetación donde permanece escondida durante las primeras semanas de vida, visitada por la madre solo para amamantarla. Curiosamente, las crías de okapi no defecan durante los primeros dos meses de vida, una adaptación que se cree minimiza el rastro olfativo que podría atraer a los depredadores como el leopardo.

Estado de conservación de los jiráfidos

Ambas especies de jiráfidos enfrentan amenazas significativas que ponen en riesgo su supervivencia a largo plazo. La jirafa ha sufrido lo que los conservacionistas llaman una «extinción silenciosa»: su población ha disminuido casi un 40% en las últimas tres décadas, pasando de unos 155.000 individuos en 1985 a aproximadamente 117.000 en la actualidad. Esta caída llevó a la UICN a reclasificarla como Vulnerable (VU) en 2016, alertando al mundo de que el mamífero más alto del planeta estaba desapareciendo sin que casi nadie se diera cuenta. La pérdida de hábitat, la caza furtiva, los conflictos armados en sus territorios y la expansión agrícola son las principales amenazas.

El okapi se encuentra en una situación aún más precaria, clasificado como En Peligro (EN) por la UICN. Su población estimada oscila entre 10.000 y 35.000 individuos (aunque la cifra real es muy difícil de determinar dada la inaccesibilidad de su hábitat), y está amenazada por la deforestación, la minería ilegal de oro y coltán, la caza furtiva con trampas y lazos, y los conflictos armados crónicos en el este de la RD del Congo. En 2012, un ataque de milicias a la sede de la Reserva de Fauna del Okapi causó la muerte de 14 okapis en cautividad y de 6 guardas forestales, ilustrando trágicamente las dificultades de conservar la fauna en zonas de conflicto.

Preguntas frecuentes

¿Cuántas especies de jiráfidos existen?

Solo dos: la jirafa (Giraffa camelopardalis, con 4 subespecies que algunos estudios elevan a 4 especies distintas) y el okapi (Okapia johnstoni). Son los únicos miembros vivos de la familia Giraffidae. El okapi, con su pelaje marrón y rayas blancas en las patas, fue descubierto por la ciencia occidental en 1901.

¿Por qué las jirafas tienen el cuello tan largo?

La hipótesis clásica es la ventaja alimentaria: acceden a hojas de acacias que otros herbívoros no alcanzan. Pero estudios recientes sugieren que la selección sexual fue igualmente importante: los machos con cuellos más largos ganan los combates de «cuellazos» (necking) y acceden a más hembras. El cuello tiene solo 7 vértebras (igual que los humanos), pero cada una mide hasta 25 cm.

¿La jirafa está en peligro de extinción?

Sí. La UICN clasifica a la jirafa como Vulnerable (VU), con una población que ha caído un 40 % en 30 años. Quedan unos 117.000 individuos. La jirafa reticulada y la jirafa nubiana están En Peligro. La caza furtiva, la pérdida de hábitat y los conflictos armados en África son las principales amenazas. Reciben mucha menos atención mediática que elefantes o rinocerontes.