La vaca marina de Steller (Hydrodamalis gigas) fue el sirenio más grande que ha existido y uno de los mamíferos marinos más espectaculares de los océanos modernos. Medía hasta 9 metros de longitud y pesaba más de 8 toneladas, vivía en aguas heladas del Pacífico Norte y se alimentaba de algas kelp. Descubierta para la ciencia europea en 1741, fue exterminada apenas 27 años después por expediciones humanas: la última observación documentada data de 1768 en las islas Komandorski.

Su historia es uno de los casos más documentados de extinción provocada por el ser humano: lo que en 1741 era una población estimada de unos 1.500-2.000 ejemplares ya estaba críticamente reducida cuando los naturalistas la describieron por primera vez, y bastaron menos de tres décadas de caza por parte de expediciones balleneras y peleteras para que desapareciera completamente. La vaca marina de Steller forma parte hoy del símbolo más doloroso de la fauna del mar de Bering, junto con el alca gigante y el cormorán de Pallas, también extintos en la región.
Descubrimiento y descripción por Steller
El naturalista alemán Georg Wilhelm Steller formaba parte de la Segunda Expedición de Kamchatka, dirigida por el danés Vitus Bering al servicio del Imperio Ruso. En noviembre de 1741, el barco San Pedro naufragó en lo que hoy se conocen como Islas Komandorski, en el mar de Bering. La tripulación pasó allí 9 meses, durante los cuales Bering murió de escorbuto y Steller documentó la fauna local. Entre las especies que observó, midió y describió en detalle figuraban grandes mamíferos acuáticos a los que llamó Manati, parientes de los manatíes americanos pero adaptados al frío extremo.
El manuscrito de Steller, De Bestiis Marinis («Sobre las bestias marinas»), publicado póstumamente en 1751, sigue siendo la fuente principal de información sobre la especie. Steller describió cuerpos enormes cubiertos por una piel rugosa y oscura, parecida a corteza vieja de árbol, animales tan tranquilos que era posible aproximarse a ellos en bote sin que reaccionaran, y un comportamiento social complejo donde los individuos se ayudaban mutuamente —incluso intentando rescatar a hembras heridas que la tripulación había arponeado.
Características físicas: el sirenio gigante
La vaca marina de Steller era el sirenio más grande conocido. Las medidas registradas por Steller indican 7,5 a 9 metros de longitud y pesos estimados entre 4 y 11 toneladas. Era 3-4 veces más grande que un dugongo adulto. Sus particularidades anatómicas la hacían única:
- Sin dientes: a diferencia de cualquier otro sirenio, había perdido completamente la dentadura. En su lugar tenía dos placas córneas, una en el paladar y otra en la mandíbula inferior, que usaba para masticar algas kelp.
- Aletas anteriores cortas: con extremos casi callosos que servían para anclarse a las rocas mientras pastaba.
- Cola fluke bilobulada tipo cetáceo, igual que su pariente vivo el dugongo.
- Capa de grasa de hasta 23 cm: la grasa más gruesa de cualquier sirenio, adaptación al agua a 5-10°C de las latitudes subárticas.
- Incapacidad para sumergirse: la flotabilidad de su grasa la mantenía constantemente en superficie. Nunca llegaba a sumergir el lomo completamente.
Hábitat y distribución original
Cuando Steller la encontró, la población se restringía a las aguas costeras de las Islas Komandorski (Bering y Medny) en el mar de Bering, frente a la costa este de Kamchatka. Sin embargo, el rango histórico era mucho mayor: restos fósiles encontrados en California, Japón y otras zonas del Pacífico Norte indican que la especie ocupaba en el Pleistoceno toda la franja costera del Pacífico septentrional. La caza por pueblos indígenas del Pacífico durante el Holoceno (los últimos 11.000 años) ya había reducido drásticamente su distribución mucho antes de la llegada de europeos.
El hábitat preferido eran bosques submarinos de algas kelp en aguas someras (5-10 metros), donde la vegetación crecía abundante por la fotosíntesis de las algas pardas. Estos ecosistemas, hoy seriamente afectados por la sobrepesca de las nutrias marinas (depredadoras de los erizos que comen kelp), eran ricos en biomasa vegetal capaz de sostener animales de varias toneladas.
Una extinción en 27 años
Tras el regreso de los supervivientes del San Pedro en 1742 con muestras y descripciones, las islas Komandorski se convirtieron rápidamente en parada obligatoria para expediciones rusas y europeas que buscaban pieles de nutria marina y zorro ártico en el Pacífico Norte. La vaca marina de Steller fue, durante esas tres décadas, una fuente fácil de carne fresca para abastecer las largas travesías.
Tres factores la hicieron presa trivial:
- Su tamaño enorme proporcionaba muchísima carne y grasa por individuo capturado.
- Su distribución limitadísima (solo dos islas) impedía cualquier rescate desde otras poblaciones.
- Su completa falta de miedo ante los humanos, sumada a la incapacidad para sumergirse, la hacía absolutamente vulnerable: las cazas se hacían desde botes con arpones unidos a cuerdas largas, sin necesidad de persecución.
El último avistamiento confirmado data de 1768, cuando un cazador de pieles llamado Iván Popov informó haber matado a un ejemplar en la isla de Bering. Algunos relatos posteriores hablan de individuos avistados en el siglo XIX en zonas remotas de Siberia, pero ninguno fue confirmado científicamente. Hoy se acepta que la especie desapareció en la segunda mitad del siglo XVIII, en lo que se considera la extinción más rápida documentada de un mamífero marino moderno.
Lo que sabemos y lo que perdimos
El conocimiento que tenemos de la vaca marina de Steller se basa casi enteramente en los apuntes de Steller (un único naturalista, durante un único invierno) y en una colección de huesos recuperados de las islas Komandorski en los siglos XIX y XX, hoy repartida por museos de Helsinki, Londres, San Petersburgo y Washington. Los esqueletos completos son rarísimos y muy valiosos.
Más allá del valor zoológico, la desaparición de la vaca marina tuvo un impacto ecológico significativo. Como gran herbívoro de los bosques de kelp, mantenía esos ecosistemas pastoreando algas y reciclando nutrientes. Su pérdida coincide con un debilitamiento estructural de los kelp del Pacífico Norte que se ha amplificado con la posterior caza de nutrias marinas. Algunos ecólogos consideran que recuperar dugongos en el Pacífico podría parcialmente restituir esa función ecológica perdida, pero la idea sigue siendo debate académico.
- Era el sirenio más grande de todos los tiempos: hasta 9 metros y más de 8 toneladas, 3-4 veces más grande que un dugongo adulto.
- Carecía completamente de dientes: en su lugar tenía dos placas córneas (paladar y mandíbula) con las que trituraba algas kelp.
- Su grasa subcutánea alcanzaba 23 cm de espesor, la más gruesa de cualquier sirenio conocido.
- Cuando una hembra era arponeada, otros individuos intentaban rescatarla empujándola con sus cuerpos lejos del bote, un comportamiento altruista raro entre mamíferos marinos.
- Su extinción en solo 27 años (1741-1768) tras el contacto con europeos es la desaparición más rápida documentada de un mamífero marino moderno.
Preguntas frecuentes sobre la vaca marina de Steller
¿Cuándo y por qué se extinguió la vaca marina de Steller?
Se extinguió en torno a 1768, apenas 27 años después de su descubrimiento científico en 1741. La causa fue la caza masiva por expediciones rusas y europeas que se abastecían de su carne y grasa para travesías largas en el Pacífico Norte. Tres factores la hicieron presa trivial: su tamaño enorme (mucha carne por individuo), su distribución muy limitada (solo dos islas en el mar de Bering) y su completa falta de miedo a los humanos, junto con la incapacidad de sumergirse para huir.
¿Cómo era la vaca marina de Steller comparada con un dugongo?
Era el pariente más cercano del dugongo: ambos pertenecen a la familia Dugongidae. Pero la vaca de Steller era 3-4 veces más grande (hasta 9 m vs 3 m del dugongo), carecía completamente de dientes (los sustituía por placas córneas), tenía una capa de grasa enorme adaptada al frío subártico y vivía en aguas heladas del Pacífico Norte, mientras que el dugongo habita aguas tropicales del Indo-Pacífico. La forma de la cola era similar: bilobulada tipo fluke.
¿Quién fue Georg Wilhelm Steller?
Steller (1709-1746) fue un naturalista alemán al servicio del Imperio Ruso que participó en la Segunda Expedición de Kamchatka comandada por Vitus Bering. Cuando el barco San Pedro naufragó en 1741 en las islas Komandorski, Steller pasó 9 meses estudiando la fauna local: además de la vaca marina, describió por primera vez al león marino de Steller, al eider de Steller y al jay de Steller, todas especies que llevan hoy su apellido. Su manuscrito De Bestiis Marinis, publicado póstumamente, es la única descripción contemporánea de la vaca marina viva.
¿Por qué la vaca marina ya estaba en peligro antes de su descubrimiento?
El rango histórico de la especie era enorme: restos fósiles indican que durante el Pleistoceno habitaba toda la costa del Pacífico Norte, desde Japón hasta California. La caza por pueblos indígenas durante 11.000 años y, posiblemente, los cambios climáticos del Holoceno, ya habían reducido la población a las dos islas Komandorski cuando Steller la encontró en 1741. La población estimada en ese momento era de solo 1.500-2.000 individuos, una fracción mínima de la histórica. Eso explica por qué bastó tan poco esfuerzo para extinguirla.
¿Existen restos de vacas marinas de Steller hoy?
Sí. Existen varios esqueletos completos o parciales reconstruidos en museos de historia natural: los más célebres están en Helsinki (Museo Finlandés), Londres (Natural History Museum), San Petersburgo y Washington (Smithsonian). Los huesos provienen casi todos de las islas Komandorski, donde se encontraron preservados en el sedimento costero durante los siglos XIX y XX. También se conservan algunos fragmentos de piel disecada y una muestra muy pequeña de carne en el Museo de Zoología de la Academia de Ciencias de Rusia. No se han recuperado muestras de ADN suficientemente conservadas para una secuenciación completa hasta la fecha.
Fuentes
- Steller, G. W.. (1751). De Bestiis Marinis. Memorias de la Academia Imperial de Ciencias de San Petersburgo.
- Domning, D. P.. (1978). Sirenian evolution in the North Pacific Ocean. University of California Publications in Geological Sciences 118.
- Crerar, L. D. et al.. (2014). Rewriting the history of an extinction. Biology Letters 10(11): 20140878.