Las termitas, conocidas también como «hormigas blancas» aunque sin parentesco real con las hormigas, son insectos del orden Blattodea (antiguamente Isoptera) que forman algunas de las colonias más numerosas y organizadas del reino animal. Con más de 3.000 especies descritas en el mundo, son los principales descomponedores de madera y materia vegetal muerta en los ecosistemas tropicales y subtropicales, desempeñando un papel ecológico crucial comparable al de las lombrices de tierra en los ecosistemas templados. Sus colonias pueden albergar desde unos pocos cientos hasta varios millones de individuos, organizados en castas con funciones especializadas: obreras, soldados, reproductores y la pareja real. Construyen nidos de estructura fascinante, algunos de los cuales alcanzan varios metros de altura y exhiben sistemas de ventilación y regulación de temperatura notablemente sofisticados. Aunque son consideradas una plaga destructiva para las estructuras de madera, su valor ecológico en los ecosistemas naturales es irremplazable.

Características de la termita
Las termitas son insectos de cuerpo blando, generalmente de color blanco o crema (de ahí el nombre «hormigas blancas»), aunque los reproductores alados tienen colores más oscuros. Miden entre 4 y 15 mm según la casta y la especie. A diferencia de las hormigas, no tienen la cintura estrecha entre el tórax y el abdomen, y sus antenas son rectas (no acodadas). Las obreras carecen de ojos funcionales. Los soldados tienen la cabeza y mandíbulas enormemente desarrolladas para la defensa. Los reproductores alados (llamados «alados» o «ímaros») tienen dos pares de alas iguales que pierden tras el vuelo nupcial. La reina puede llegar a ser enormemente voluminosa, con el abdomen distendido por la producción continua de huevos. Las termitas poseen un sistema digestivo con microorganismos simbióticos (protozoos, bacterias) que les permiten digerir la celulosa de la madera.
Hábitat y distribución
Las termitas se distribuyen principalmente en las regiones tropicales y subtropicales de África, Asia, América y Oceanía, aunque algunas especies han colonizado zonas templadas como el sur de Europa. En España, la especie más común y dañina es Reticulitermes flavipes (termita subterránea) y Reticulitermes grassei, que afectan a edificios en muchas ciudades. Las termitas de madera seca (Cryptotermes) afectan principalmente al litoral mediterráneo. Los termiteros africanos, construidos por especies como Macrotermes bellicosus, pueden superar los 6 metros de altura y albergar millones de individuos. Algunas especies construyen nidos colgantes en árboles, otras en el suelo y otras directamente dentro de la madera que consumen.
Alimentación
La mayoría de las termitas se alimentan de celulosa, presente en madera, hojas muertas, humus, hongos y otros materiales vegetales en descomposición. Su capacidad para digerir la celulosa depende de microorganismos simbióticos alojados en su intestino: protozoos flagelados y bacterias que producen las enzimas celulasas necesarias. Algunas especies tropicales del género Macrotermes no digieren directamente la madera, sino que la utilizan para cultivar hongos del género Termitomyces dentro del nido, alimentándose del micelio fúngico. Este sistema de «agricultura de hongos» es uno de los ejemplos más sofisticados de mutualismo en el mundo insectil. Las termitas subterráneas recogen el material alimenticio y lo transportan al nido, mientras las de madera seca se alimentan directamente del material en el que habitan.
Comportamiento
Las termitas exhiben comportamientos sociales extraordinariamente complejos. La comunicación se realiza principalmente mediante feromonas: existen feromonas de alarma, de rastro (para guiar a las obreras hacia el alimento), de reconocimiento (para identificar a los miembros de la colonia) y de regulación de castas (la reina produce sustancias que inhiben el desarrollo reproductivo de las obreras). La defensa del nido recae en los soldados, que pueden proyectar sustancias químicas tóxicas o usar sus mandíbulas para bloquear las galerías frente a intrusos. La construcción del termitero es un proceso colectivo sin dirección central: cada individuo sigue reglas sencillas pero el resultado es una estructura arquitectónica compleja con cámaras diferenciadas para la cría, los hongos y los alimentos, además de sistemas de ventilación que regulan el CO₂ y la temperatura.
Reproducción
El ciclo reproductivo de las termitas es complejo y varía según las especies. La pareja real (rey y reina) es el núcleo reproductor de la colonia. La reina puede poner miles de huevos al día durante décadas; algunas reinas africanas viven más de 20 años. Los huevos eclosionan en ninfas que pueden desarrollarse en obreras, soldados o reproductores según las señales químicas de la colonia. Una vez al año, en condiciones de temperatura y humedad favorables, la colonia produce alados reproductores que realizan el vuelo nupcial en enjambres masivos. Los que sobreviven se aparean, pierden las alas y buscan un lugar para fundar una nueva colonia. Las primeras colonias son fundadas por la pareja real, que cuida sola a las primeras crías hasta que hay suficientes obreras para relevarlas.
Curiosidades
- Las termitas son más antiguas que los dinosaurios: los fósiles más antiguos conocidos tienen unos 130 millones de años.
- Una reina de termita puede poner hasta 30.000 huevos por día y vivir más de 25 años, siendo uno de los insectos más longevos.
- Los termiteros africanos tienen sistemas de ventilación tan eficientes que han inspirado el diseño de edificios de bajo consumo energético, como el Eastgate Centre en Zimbabwe.
- Las termitas producen metano como subproducto de su digestión; globalmente, contribuyen de forma significativa a las emisiones naturales de este gas de efecto invernadero.
- Los soldados de algunas especies pueden "explotar" voluntariamente, liberando una sustancia tóxica pegajosa para inmovilizar a los enemigos (autolisis defensiva).
- Las termitas son un alimento rico en proteínas en muchas culturas de África, Asia y América Latina; se consumen fritas, tostadas o crudas.
- Las termitas son más antiguas que los dinosaurios: los fósiles más antiguos conocidos tienen unos 130 millones de años.
- Una reina de termita puede poner hasta 30.000 huevos por día y vivir más de 25 años, siendo uno de los insectos más longevos.
- Los termiteros africanos tienen sistemas de ventilación tan eficientes que han inspirado el diseño de edificios de bajo consumo energético, como el Eastgate Centre en Zimbabwe.
- Las termitas producen metano como subproducto de su digestión; globalmente, contribuyen de forma significativa a las emisiones naturales de este gas de efecto invernadero.
- Los soldados de algunas especies pueden «explotar» voluntariamente, liberando una sustancia tóxica pegajosa para inmovilizar a los enemigos (autolisis defensiva).
- Las termitas son un alimento rico en proteínas en muchas culturas de África, Asia y América Latina; se consumen fritas, tostadas o crudas.
Estado de conservación
La gran mayoría de las especies de termitas no están evaluadas individualmente por la UICN, aunque el grupo en general no se considera amenazado. Como descomponedores primarios de materia vegetal, las termitas son esenciales para el ciclo de nutrientes en los ecosistemas tropicales. Sin embargo, la deforestación y la transformación del uso del suelo en las regiones tropicales pueden afectar a la diversidad de especies. Las termitas que se han adaptado a los entornos urbanos (como las especies subterráneas en Europa) son consideradas plagas económicamente importantes, causando daños anuales de miles de millones de euros en estructuras de madera en todo el mundo.
Los signos más comunes son: madera que suena hueca al golpearla, presencia de polvo fino parecido a serrín (excremento de termitas de madera seca), túneles de barro en paredes o cimientos (termitas subterráneas), alas de alados cerca de ventanas tras el vuelo nupcial, y pintura o madera que se pandea o agrieta sin causa aparente.
No son lo mismo aunque se parezcan. Las hormigas tienen cintura estrecha, antenas acodadas y las reproductoras tienen alas delanteras más largas que las traseras. Las termitas tienen el cuerpo uniforme sin cintura, antenas rectas y las alas son iguales. Evolutivamente, las termitas están más relacionadas con las cucarachas que con las hormigas.
No son peligrosas directamente para la salud humana: no pican ni transmiten enfermedades. Sin embargo, sus nidos pueden albergar hongos y ácaros que pueden causar alergias. El principal riesgo es estructural: los daños a edificios pueden comprometer su seguridad.
Los tratamientos más comunes incluyen: tratamiento químico del suelo con termitidas (barrera química), inyección de insecticidas en la madera afectada, cebos con sustancias de crecimiento inhibidor que las obreras llevan al nido, y tratamiento térmico o con microondas para termitas de madera seca. Siempre se recomienda una empresa especializada.
Las termitas pueden destruir completamente la estructura de madera de una casa en cuestión de años si no se tratan. Globalmente, causan daños estimados en más de 40.000 millones de dólares anuales. En España, ciudades como Sevilla, Cádiz o Valencia tienen alta incidencia de termitas subterráneas.
Enormemente beneficiosas. Son los principales recicladores de madera y materia vegetal muerta en los ecosistemas tropicales, liberando nutrientes al suelo. Sus galerías mejoran la aireación e infiltración del agua. Son también alimento importante para muchos animales, desde osos hormigueros hasta aves y reptiles.
Los alados son los reproductores que la colonia produce para fundar nuevas colonias. Su aparición en el interior de una casa (generalmente en primavera o tras lluvias) indica la presencia de una colonia activa en las proximidades o dentro de la estructura. Es un signo de infestación que requiere atención inmediata.
Las reinas de algunas especies africanas pueden vivir más de 25 años, siendo posiblemente los insectos más longevos. Durante ese tiempo, pueden poner millones de huevos. Su longevidad excepcional es objeto de estudio científico por sus posibles implicaciones para comprender el envejecimiento.