Poríferos
Los poríferos o esponjas son, biológicamente hablando, los animales más simples que existen: carecen de sistema nervioso, músculos, órganos y tejidos verdaderos, y aun así llevan más de 600 millones de años filtrando los océanos del planeta. Se conocen unas 9.000 especies, casi todas marinas, aunque también hay esponjas de agua dulce. Su cuerpo es en realidad una colonia de células especializadas que trabajan juntas como un filtro viviente, capaz de bombear cientos de litros de agua al día para atrapar partículas de alimento microscópicas.
Tipos de esponjas de mar
A diferencia de casi todos los animales, los poríferos no tienen simetría definida, no se desplazan de adultos —son sésiles, fijos al sustrato— y clasificarlos fue durante siglos motivo de debate científico: hasta el siglo XIX muchos naturalistas los consideraban plantas o «zoófitos». Hoy se sabe que son animales de pleno derecho, el linaje más antiguo que sigue vivo en el árbol evolutivo animal.
Qué son los poríferos: características y definición
Los poríferos (filo Porifera) son animales acuáticos filtradores que carecen de tejidos y órganos verdaderos (por eso también se los llama Parazoa, «junto a los animales»). Su cuerpo está perforado por miles de poros diminutos —los ostiolos— por donde entra el agua, que sale después por una o varias aberturas mayores llamadas ósculos. En el interior, unas células especializadas con flagelo llamadas coanocitos baten el agua para generar la corriente de filtración y capturan bacterias y partículas orgánicas microscópicas como alimento. Un esqueleto interno de espículas (de sílice o carbonato cálcico) o de fibras de una proteína llamada espongina les da soporte estructural.
Se han descrito unas 9.000 especies, la inmensa mayoría marinas, desde la zona intermareal hasta las fosas abisales, aunque existe también una familia adaptada al agua dulce. Es uno de los grupos animales más antiguos del planeta: los fósiles de espículas más antiguos datan de hace más de 600 millones de años, y algunos estudios genéticos sitúan a los poríferos como la rama más basal de todo el árbol animal.
Clases y especies de poríferos
El filo Porifera se divide en cuatro clases según la composición de su esqueleto:

1. Demospongias (Demospongiae) — las esponjas comunes
La clase más numerosa con diferencia: agrupa cerca del 90% de todas las especies de esponjas, incluida la esponja de baño mediterránea. Su esqueleto combina espículas de sílice con fibras de espongina, lo que les da una textura elástica característica que históricamente se ha usado para fabricar esponjas naturales de aseo.

2. Hexactinélidas (Hexactinellida) — las esponjas de cristal o vítreas
Unas 600 especies de aguas profundas con un esqueleto de espículas silíceas fusionadas en una estructura reticular casi cristalina. La más famosa es la cesta de flores de Venus (Euplectella aspergillum), cuyo entramado albergaba tradicionalmente una pareja de gambas que crecían atrapadas en su interior de por vida —en Japón se regalaba seca como símbolo de fidelidad matrimonial.
Completan el filo otras dos clases minoritarias: las calcáreas (Calcarea), únicas con espículas de carbonato cálcico en vez de sílice, pequeñas y de aguas someras; y las homoescleromorfas (Homoscleromorpha), un grupo reducido y de descubrimiento más reciente que, a diferencia del resto de poríferos, sí posee una fina membrana basal bajo sus células —un rasgo que las acerca ligeramente al resto de animales.
Cómo se alimentan y respiran los poríferos: filtración y coanocitos
Los poríferos son filtradores pasivos: no persiguen ni capturan presas, sino que hacen circular agua a través de su cuerpo y retienen lo que esta transporta. El agua entra por los diminutos ostiolos repartidos por toda la superficie, atraviesa una cavidad interna tapizada de coanocitos —células con un flagelo rodeado de un collar de microvellosidades— y sale concentrada por el ósculo. El batido sincronizado de miles de flagelos genera la corriente y el collar de cada coanocito atrapa bacterias, virus y partículas orgánicas, que la célula fagocita directamente. Una esponja de tamaño mediano puede filtrar el equivalente a miles de litros de agua al día.
No tienen pulmones, branquias ni ningún órgano respiratorio: el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono ocurre por simple difusión directamente entre el agua que circula y las células, ya que ninguna célula del cuerpo está nunca lejos de esa corriente.
Reproducción y regeneración: la asombrosa capacidad de las esponjas
La mayoría de los poríferos son hermafroditas y se reproducen sexualmente liberando espermatozoides al agua, que son captados por otra esponja para fecundar internamente sus óvulos; el resultado es una larva nadadora que se fija al sustrato y se metamorfosea en un ejemplar adulto sésil. También se reproducen de forma asexual, por gemación (brotes que se desprenden y forman un nuevo individuo) o mediante gémulas, cápsulas de resistencia cargadas de células que permiten sobrevivir al frío o la sequía —clave para las especies de agua dulce.
Pero su capacidad más extraordinaria es la regeneración celular: en 1907, el biólogo H. V. Wilson trituró una esponja viva y la hizo pasar por un tamiz de tela para separarla en células individuales sueltas en agua. Con el tiempo, esas células migraron unas hacia otras, se reconocieron y reorganizaron por sí solas hasta reconstruir un ejemplar completo y funcional. Ningún otro animal conocido es capaz de algo así: sus células totipotentes (llamadas arqueocitos) pueden transformarse en cualquier otro tipo celular que la esponja necesite.
Hábitat y distribución de los poríferos
Los poríferos marinos colonizan todos los mares del planeta y prácticamente todas las profundidades: desde las pozas intermareales hasta las fosas abisales de más de 8.000 metros. Las demospongias dominan los arrecifes tropicales y las aguas someras templadas, mientras que las hexactinélidas o esponjas de cristal son casi exclusivas de aguas frías y profundas —la esponja de cristal Euplectella vive típicamente entre 100 y más de 1.000 metros de profundidad, donde forma auténticos «jardines» sobre el fondo abisal.
Una única familia, las espongílidos (Spongillidae), ha colonizado con éxito el agua dulce: viven fijas a rocas y troncos sumergidos en lagos, embalses y tramos lentos de ríos de todos los continentes excepto la Antártida, incluida la península ibérica, y sobreviven a los inviernos gracias a sus gémulas de resistencia.
Importancia ecológica de los poríferos
Pese a su simplicidad anatómica, los poríferos cumplen un papel ecológico enorme: al filtrar constantemente el agua, mantienen su transparencia y calidad, eliminando bacterias y partículas en suspensión de arrecifes y fondos marinos enteros. Sus cuerpos porosos, además, son un hábitat en sí mismo: decenas de especies de camarones, gusanos, cangrejos y peces juveniles viven protegidos permanentemente dentro de sus canales internos, como la célebre pareja de gambas que pasa toda su vida adulta atrapada en el interior de la esponja de cristal. También son bioindicadores muy sensibles de la calidad del agua, y varios compuestos químicos aislados originalmente de esponjas del Caribe dieron lugar a fármacos antivirales y anticancerígenos hoy en uso clínico. Los humanos, por su parte, llevan usando esponjas de baño desde la Grecia y la Roma clásicas, mucho antes de que existieran las esponjas sintéticas.
Preguntas frecuentes sobre los poríferos
Los poríferos son un filo de animales acuáticos filtradores, también llamados esponjas, que carecen de tejidos y órganos verdaderos. Su cuerpo está perforado por poros por los que circula agua, filtrada por células especializadas llamadas coanocitos que capturan el alimento.
Son animales de pleno derecho, aunque hasta el siglo XIX muchos naturalistas los clasificaban como plantas por su aspecto y su vida sésil, fija al sustrato. Se diferencian de las plantas en que no hacen fotosíntesis y se alimentan filtrando materia orgánica del agua.
No tienen pulmones ni branquias: respiran por simple difusión de gases con el agua que circula por su cuerpo. Se alimentan filtrando esa misma agua con los coanocitos, células con flagelo que generan la corriente y capturan bacterias y partículas orgánicas microscópicas.
Sí. Sus células son totipotentes y pueden transformarse en cualquier tipo celular necesario. En 1907 el biólogo H. V. Wilson demostró que, incluso separadas por completo en un tamiz, las células de una esponja se reorganizan por sí solas hasta reconstruir un ejemplar entero.
Casi todas, pero no todas: la familia Spongillidae ha colonizado con éxito el agua dulce y vive fijada a rocas y troncos en lagos, embalses y ríos de todo el mundo, incluida España, sobreviviendo a los inviernos gracias a cápsulas de resistencia llamadas gémulas.
Las esponjas de baño tradicionales son el esqueleto seco de demospongias como Spongia officinalis, formado por fibras elásticas de espongina sin espículas duras. Los humanos las usan para el aseo personal desde la Grecia y la Roma clásicas.