Introducción
El conejo europeo (Oryctolagus cuniculus) es uno de los mamíferos más influyentes en la historia ecológica del planeta. Originario de la Península Ibérica y el sur de Francia, este pequeño lagomorfo ha sido introducido en todos los continentes excepto la Antártida, convirtiéndose en una especie clave en los ecosistemas mediterráneos y en una plaga devastadora allí donde fue introducido sin control. De hecho, el nombre de España puede derivar del fenicio i-shepan-im, «tierra de conejos», lo que da idea de la abundancia que los colonizadores fenicios encontraron en la Península.

A pesar de ser el ancestro de todas las razas de conejo doméstico del mundo, el conejo silvestre europeo se encuentra paradójicamente en declive en su territorio nativo. Las enfermedades víricas como la mixomatosis y la enfermedad hemorrágica del conejo han diezmado sus poblaciones en España y Portugal, con consecuencias devastadoras para toda la cadena trófica mediterránea, ya que el conejo es la presa fundamental de más de 30 especies de depredadores ibéricos, incluyendo al lince ibérico y al águila imperial.
Características del conejo silvestre
El conejo europeo mide entre 35 y 50 cm de longitud corporal, con orejas de 6 a 8 cm (más cortas que las de las liebres) y un peso de 1 a 2,5 kg. Su pelaje es pardo grisáceo en el dorso, más claro en los flancos y blanco en el vientre, proporcionando un camuflaje eficaz contra el terreno mediterráneo. La cola, corta y redondeada, muestra la parte inferior blanca, una señal visual que los conejos exhiben al huir para alertar a sus congéneres del peligro.
Sus patas traseras son proporcionalmente largas y poderosas, adaptadas para la carrera explosiva en zigzag que utilizan para escapar de depredadores. Los conejos pueden alcanzar velocidades de hasta 40 km/h en distancias cortas y realizan bruscos cambios de dirección que desconciertan a sus perseguidores. Sus dientes crecen continuamente a lo largo de toda su vida (entre 10 y 12 cm al año), una adaptación a su dieta abrasiva de hierbas y cortezas que desgasta rápidamente el esmalte dental.
La visión del conejo es casi panorámica de 360 grados gracias a la posición lateral de sus ojos, lo que le permite detectar depredadores desde prácticamente cualquier dirección sin mover la cabeza. Su único punto ciego es una estrecha franja justo delante de la nariz, compensada por un agudo sentido del olfato y bigotes muy sensibles.
Hábitat y distribución
El hábitat original del conejo europeo son los matorrales y pastizales mediterráneos de la Península Ibérica, donde encuentra su combinación ideal de suelos blandos para excavar madrigueras, cobertura vegetal para protegerse y áreas abiertas de pasto para alimentarse. También habita en bosques abiertos, dunas costeras, dehesas y zonas agrícolas.
Los conejos son animales excavadores que construyen complejas redes de madrigueras subterráneas llamadas vivares o conejeras. Estas estructuras pueden albergar a decenas de individuos, con múltiples entradas, túneles de ventilación y cámaras de cría. Los vivares más antiguos se heredan generación tras generación y pueden expandirse durante décadas, alcanzando dimensiones impresionantes con más de 50 metros de túneles interconectados.
Alimentación
El conejo es un herbívoro generalista que se alimenta principalmente de gramíneas, hierbas, brotes tiernos, raíces, cortezas y, ocasionalmente, frutos y semillas. Su dieta varía estacionalmente: en primavera y verano domina la hierba verde, mientras que en otoño e invierno recurre a cortezas, raíces y plantas secas.
Una de las adaptaciones digestivas más peculiares del conejo es la cecotrofia: produce dos tipos de heces, las bolitas secas habituales y unos excrementos blandos y brillantes llamados cecotrofos, que consume directamente del ano, generalmente por la noche. Este doble paso por el sistema digestivo maximiza la extracción de nutrientes y vitaminas (especialmente vitamina B) de su dieta vegetal pobre en proteínas. Lejos de ser un comportamiento extraño, la cecotrofia es una adaptación digestiva esencial sin la cual el conejo no podría sobrevivir.
Comportamiento
Los conejos son animales sociales y crepusculares que viven en grupos jerárquicos de entre 2 y 20 individuos. La estructura social se basa en una jerarquía de dominancia separada por sexos: los machos dominantes tienen acceso prioritario a las hembras, mientras que las hembras dominantes ocupan las mejores madrigueras para la cría. Los conflictos se resuelven mediante persecuciones, mordiscos y patadas con las poderosas patas traseras.
La comunicación entre conejos incluye señales visuales (posición de las orejas, golpes con las patas traseras en el suelo para alertar de peligro), olfativas (marcaje territorial mediante glándulas submandibulares e inguinales y deposición de excrementos en letrinas comunales) y, en situaciones de extremo estrés, gritos agudos que alertan a toda la colonia.
Reproducción
La capacidad reproductora del conejo es legendaria y ha dado origen a la expresión «reproducirse como conejos». Una hembra puede tener entre 3 y 7 camadas al año, con entre 3 y 12 gazapos por parto, lo que significa que una sola pareja podría teóricamente producir más de 800 descendientes en un año si todos sobrevivieran. La gestación dura solo 28-33 días y la hembra puede quedarse preñada de nuevo inmediatamente después del parto.
Los gazapos nacen ciegos, sordos y sin pelo, completamente indefensos en su madriguera de cría forrada de pelo que la madre se arranca del pecho. Abren los ojos a los 10-12 días y son destetados a las 4-5 semanas. La madurez sexual se alcanza a los 3-4 meses. Esta enorme capacidad reproductiva es una respuesta evolutiva a la intensa presión de depredación que sufre la especie.
- España debe su nombre al conejo: el nombre fenicio de la Península Ibérica, i-shepan-im, significa tierra de conejos. Los romanos adoptaron el término como Hispania.
- Come sus propias heces: los conejos practican cecotrofia, produciendo un tipo especial de excrementos blandos (cecotrofos) que ingieren directamente del ano para digerir los nutrientes dos veces. Sin este proceso no podrían sobrevivir.
- Sus dientes nunca dejan de crecer: los incisivos del conejo crecen entre 10 y 12 cm al año. Si no los desgasta masticando, pueden curvarse y causarle problemas graves.
- Una pareja podría producir 800 descendientes al año: con hasta 7 camadas anuales de hasta 12 gazapos cada una y una gestación de solo 30 días, la capacidad reproductiva del conejo es asombrosa.
- Tiene visión casi de 360 grados: la posición lateral de sus ojos le permite ver en casi todas las direcciones simultáneamente. Su único punto ciego está justo delante de la nariz.
- Es la presa más importante del ecosistema mediterráneo: más de 30 especies de depredadores ibéricos dependen del conejo, incluyendo al lince ibérico (90% de su dieta) y al águila imperial ibérica.
Estado de conservación
El conejo europeo está clasificado como En Peligro (EN) por la UICN en su área de distribución nativa (Península Ibérica), un estatus sorprendente para un animal considerado plaga en otros continentes. Las poblaciones ibéricas han sufrido un declive del 70% desde 1950, causado principalmente por dos virus introducidos: la mixomatosis (introducida deliberadamente en 1952 como control biológico) y la enfermedad hemorrágica del conejo (aparecida en 1988, con una nueva variante en 2010).
El declive del conejo tiene efectos en cascada sobre todo el ecosistema mediterráneo. El lince ibérico, cuya dieta depende en un 90% del conejo, estuvo al borde de la extinción precisamente por la escasez de su presa principal. El águila imperial ibérica, el buitre negro y más de 30 especies de depredadores ibéricos dependen directamente del conejo como fuente de alimento, convirtiendo su recuperación en una prioridad absoluta para la conservación de la biodiversidad mediterránea.